Los inolvidables de 2017

Palomo, Dámaso, Fandiño, Victorino, el niño Adrián... marcan un año muy duro

JOSÉ LUIS BENLLOCH

Más allá de los ataques anti, las modas anglosajonas que todo lo globalizan o eso intentan o la sectaria desatención política que nos toca padecer, el año que se va ha sido sentimentalmente de lo más chungo para el toreo. O díganlo como quieran, el caso es que con ese taco del calendario se fueron muchos grandes, auténticas celebridades de imposible olvido y difícil sustitución. Sin que ello suponga hacer de menos a otros nombres, los hay que su adiós le dio un tono especialmente luctuoso al ejercicio. Palomo Linares, Ángela, Manolo Cortés, Gregorio Sánchez, Fandiño, el niño Adrián, Dámaso González, Armillita, Victorino, Silveti, Tirsa y Paquito (padres de los Esplá), periodistas como Suárez-Guanes o Soto Viñolo, o los mozos de espada Miguel Montoro y El Choni en lo que toca a Valencia. Y a propósito de las desafecciones políticas de las que me dolía en el arranque de este repor, lo último es la negativa de la nueva televisión À Punt a dar toros. Ni en la calle ni en la plaza había anunciado su directora -ex TV3-, aunque pocas horas después rebajaron el castigo a la mitad, es decir dibujó el mismo trayecto que hicieron los indepes de ahí arriba, que primero prohibieron todo y luego salvaron els correbous. Demasiado paralelismo, demasiada evidencia. ¡Ah! y demasiada comodidad para sus desatinos sectarios que ya ni disimulan.

Estábamos en los nombres que tiñeron el año de luto. No se trata de hacer un recorrido exhaustivo por ese listado de dolor ni de ennoblecer su trayectoria más allá de la realidad, pero sí merecen, justa tradición de estos días, unas líneas de recuerdo que resalten su condición de inolvidables. Cuando se habla de Palomo se habla de uno de los toreros más encastados de su tiempo, convivió entre dos épocas gloriosas, la de Ordóñez, Camino, Viti, Cordobés... y la de Paquirri, Manzanares, Capea..., y en las dos mantuvo la misma actitud de desafío y reto que le permitió estar siempre en los puestos más altos del escalafón e incluso le dio para hacer frente a los empresarios a los que, de la mano de sus apoderados de siempre, mareó cada vez que consideró que valía más de lo que le daban.

Entrañable Ángela

Ángela fue una pionera entrañable, uno de esos personajes que abrieron caminos donde no parecía haberlos. Fue torera en unos tiempos muy machistas y en una actividad igualmente machista -para qué negarlo- que acabó respetándole y queriéndole. Nacida en Elda, fue una persona muy cálida pese a la dureza de su camino, jovial y amante de los animales. Vivió ligada al mundo del toro en los últimos tiempos desde la ganadería de Aguadulce, donde cuidó y mimó al que es el rey de la Fiesta. Días después nos dejó Manolo Cortés, torerazo sevillano, con alternativa en Valencia, en las próximas fallas hará medio siglo. Un artista al que no se le acabó de hacer justicia. Que bonito, qué sencillo, qué armónico toreando...

De carácter seco y muy entero, Gregorio Sánchez, hombre de palabra y sin dobleces, tal cual toreaba; toledano, surgido de las filas más castigadas de la posguerra, mantuvo siempre su postura sin coqueteos ni debilidades. Si importante fue su carrera como matador, más lo fue su etapa como director de la Escuela Taurina de Madrid, de donde bajo su tutoría salieron muchos y grandes toreros, desde Joselito a Juli. Les hablaba con una claridad que en ocasiones podía parecer cruel cuando, en realidad, era una forma directa y sincera de aclarar cuanto antes el futuro de cada uno teniendo en cuenta que no todos están llamados a ser figuras.

Dámaso o Damaso

Dámaso, con acento o sin acento como le mentaban sus más leales, fue la bondad y el valor. El tipo que transitó por los territorios más comprometidos del toro sin que se le alterase el pulso. Calmo, constante, gente de una pieza que nunca cambió de postura ni en la sierra ni en el valle, ni en las posadas ni en el Palace donde se ganó acceso libre. Gente del pueblo al que quisieron hasta los señoritos.

Los retratos de Fandiño están muy recientes. Ha sido la última representación del héroe. Cayó y puso a la vez en su justo valor los valores del toreo y las miserias más bajas de los anti. Para que se entere quien quiera y pueda enterarse de quién es quién. Fue su última aportación.

Victorino fue el ganadero más importante desde los años cincuenta a la actualidad. No sólo por criar toros bravos, sino por salvar un encaste y ser el hombre que liberó a su gremio de la opresión empresarial. El primero que le plantó cara al monopolio y venció, sin duda porque era el único de su tiempo que llenaba la plaza con sólo el atractivo de su nombre. Vestido de pana fue tan figura como la más importante figura de luces.

Apolinar Soriano es otro campero, otro personaje alejado del oropel. Hombre de los que sudaban el sustento, representaba a aquellos serranos que hicieron de la trashumancia, de los Montes Universales hasta más allá de Despeñaperros, una filosofía de vida. Fue un grande en las plazas más humildes y un hombre respetado en las más grandes.

De Armillita a Montoro

En este recorrido de personajes que nos dejaron quisiera recordar igualmente a Armillita, hijo del Joselito mexicano, un tiempo asentado en Valencia con su señor padre, fue lo que quiso o lo que le dejó su carácter porque condiciones las tuvo todas; Juan Silveti, del que decían que era el más español de los toreros mejicanos, parte de la dinastía más extensa del toreo; necesario nombrar a los padres de los Esplá, es evidente que fueron grandes maestros del clasicismo en un ambiente turístico, detalle que aún les engrandecía más. Nos dejaron también el niño Adrián -un ángel en el ruedo- y dos estupendos periodistas, Soto Viñolo, que además de un gran crítico taurino retrataba la sociedad de su tiempo con una acidez enriquecedora y alcanzó fama desde el anonimato de doña Elena Francis en su papel de guionista, y Suárez-Guanes, el hombre de la memoria prodigiosa que hacía innecesario hasta al mismísimo Google. Y por último, un recuerdo tanto a Antonio Tormo 'El Choni', el hombre de El Soro, como a Miguel Montoro, mozo de espadas que fue mi amigo, honrado y cortés, sin servilismos ni amarguras, que quiso ser torero y acabó siendo el hombre de los toreros, que no es poco.

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