INOCENTES LOCOS

Mª ÁNGELES ARAZO

Sabido es que la matanza de Herodes, famosa porque sus soldados degollaron a centenares de niños menores de dos años, fue tema abordado por notables pintores como Mattia Preti, Guido Reni y Matteo de Giovanni, recreando en sus obras diversas escenas donde la sangre, la violencia y el desgarro de las madres abrazadas a sus hijos constituyen una escenificación dramática, muy próxima al terror, que tanto atraía y atrae...

Menos mal que en Valencia se tuvo bien claro que para quedar amparados los niños por el manto de la Virgen convenía que las dos pequeñas imágenes fuesen muestra de ternura; y allí los tenemos, gorditos y sonrientes, aunque con un trazo rojo en el cuello.

La iconografía que representa a la advocación 'dels Ignocents', sinónimo compasivo de la locura, debió de inspirar a este pueblo nuestro, de habitual tan entregado a las fiestas, para organizar la celebración del 'Día de los Locos', que acontece en diciembre en diversos pueblos del interior.

Si hace siglos, los acogidos en el primitivo hospital recibían una ayuda económica por participar en cabalgatas y pantomimas que divertían al público por sus inocentadas, a lo largo del tiempo cambiaron los papeles y son cuerdos y bien cuerdos quienes fingen la locura para burlarse de la gente sensata, perseguir a las chicas para besarlas, denunciar las ordenanzas oficiales y asumir la autoridad de jerarcas civiles para cambiar edictos y proyectos: nuevos derribos, distintas normas y cabalgatas.

Además del disfraz, estos locos se adornan con hortalizas de evocación fálica, sancionan a los vecinos que no obedecen sus órdenes y les obran como si se tratara de auténticas multas, ya que con lo recaudado se come, se bebe y se organizan absurdos maratones.

Naturalmente, la locura termina en esa jornada de libertad. Libertad, como siempre, controlada.

Inocentes locos, soñadores de lo imposible, como un aumento de las pensiones o la ampliación de hospitales y residencias para mayores imposibilitados.

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