La incuestionada y la cuestionable

FERRAN BELDA

Mientras aquí nos cuestionamos todo lo relacionado con la nueva RTVV. La misma necesidad de refundarla. Y, por tanto, de arriesgarse a tropezar dos veces en la misma piedra. El encomendarle la tarea a un consejo rector y a una directora general carentes de experiencia y de los más elementales conocimientos de economía y gestión. El minúsculo nombre. El inexistente apellido. El personal: ¡Mogollón! Con méritos tan discutibles -haber trabajado, es una forma de hablar, en RTVV-, como discutidos: La Unió de Periodistes impugnará la bolsa de trabajo si vulnera el principio de igualdad. Lo impersonal: el reflejo de una realidad colectiva o la prolongación de las aulas. Lo que se graba y dónde se graba. La imprevisión: Son necesarios 30 millones no presupuestados para equiparla con utillaje de última generación. Mientras aquí, digo, debatimos la menor y la mayor, a Dios gracias, el pleno del Congreso aprobó el pasado día 22 la reforma de la ley que regula RTVE. No de cualquier manera: prácticamente por unanimidad. Y sin que una sola de sus señorías cuestionase siquiera que el representante de la cadena en el festival de Eurovisión haga sistemáticamente el ridículo en inglés, en lugar de hacerlo en castellano, como le correspondería a la televisión pública de un país que se precia de haber alumbrado un idioma que se habla en cuatro continentes. Ni el menor comentario. A lo más que se llega alguna vez en Madrid es a comentar la conveniencia de dotarla de una financiación ¡suficiente!

Nada de lo que es motivo de debate apasionado en el Cap i Casal -el número de canales, los sueldos, etc.- preocupa un ardite en la capital de España. La última plantilla conocida de RTVE -eventuales de postín o no al margen- rondaba las 6.600 personas. El ente cuenta con 6 canales de televisión y 5 de radio para el interior y tres de TV y una radiodifusora para el exterior. Derrocha el dinero a espuertas. Es técnicamente chapucero. E incumple ¾ partes de las razones que justifican su existencia, empezando por el desaliño idiomático y terminando por la vulgaridad de su programación. Pero como lo único que preocupa a nuestros representantes es la neutralidad informativa, en ninguna de las sesiones celebradas durante la tramitación de la ley se cuestionó lo más mínimo el modelo. Y hasta una escritora de renombre como Almudena calificó la modificación de "triunfo colectivo" en su habitual columna de prensa. Ante lo cual uno no puedo por menos que celebrar ser natural de una tierra donde todo está en cuestión. No olvidemos que la crítica constituye la esencia de la mayor de sus fiestas. Y puestos en la tesitura de reabrir RTVV, servicio que no todos los lugareños consideramos imprescindible, no nos conformamos con que sea independiente, veraz y plural. Queremos que sea buena, bonita y barata (BBB). Una marca, por cierto, BBB, mejor que la que le compraron a Risto Mejide de aquí a Lima.

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