La incógnita Sánchez

¿Hasta qué punto está motivado por su afán de revancha tras haber sido despedido en octubre?

CURRI VALENZUELA

De Pedro Sánchez conocemos bastantes cosas y casi todas ellas son contradictorias. De su pasado tenemos la certeza de que se trata de un hombre con más ambición que talento, que quiso llegar a la presidencia del Gobierno coqueteando simultáneamente con Podemos y con Ciudadanos, que se apoyó en Susana Díaz para ser elegido secretario general por primera vez y luego la dejo tirada, que subió peldaños de la nada al liderazgo del PSOE con ayuda de Pepe Blanco, con el que hace tiempo no se habla, que cuando las encuestas se lo aconsejaron protagonizó un mitin en Barcelona con una bandera de España gigante a sus espaldas y que ahora hace como no se acuerda de aquella ocasión.

O sea, que tras hacerse dueño y señor del liderazgo socialista nos puede salir en cualquier momento por cualquier registro. Las pocas semanas transcurridas desde que ganó las primarias han vuelto a demostrar su veleidad. El discurso de su mano derecha, José Luis Abalos, en el debate de la moción de censura, fue el de un hombre de ideas claras dispuesto a machacar al PP por sus casos de corrupción pero con la mano tendida a pactar con Rajoy la respuesta al separatismo catalán y otros asuntos de Estado. Unos días después, escuchar al secretario general en la clausura del Congreso del PSOE proporcionó la impresión opuesta, la de un político capaz de lanzarse otra vez al vacío para asaltar la Moncloa.

La incógnita Sánchez es la incógnita sobre su carácter personal. ¿Hasta que punto el personaje está motivado por su afán de revancha después de haber sido despedido con cajas destempladas por los barones de su partido? Las primeras señales apuntan a la revancha. Sánchez no ha querido integrar a su Ejecutiva a ninguno de sus disidentes, a excepción de Patxi López, Susana Díaz abandonó el Congreso sin votar ni escuchar el discurso final de su líder y este se ha rodeado únicamente de leales a prueba de bomba. Malas señales que apuntan a divisiones internas, luchas entre clanes, batallas contra los barones regionales y guerra soterrada.

Si Pedro Sánchez consigue la proeza de llegar al poder al frente de un PSOE fracturado podrá ingresar en el libro Guinness de los récords. Siendo como es él, es posible que lo intente. De momento su afán más parece una quimera tan imposible como la de conseguir que Podemos y Ciudadanos se pongan de acuerdo en apoyarle para que alcance la presidencia del Gobierno. Pese a todo lo cual, parece que lo va a intentar. Será que se ha olvidado de aquel febrero de 2016, cuando se creyó de verdad que el destino se había fijado en el para expulsar a Rajoy de La Moncloa, que Pablo Iglesias le iba a permitir convertirse en el máximo representante de la izquierda española, que los pesos pesados del socialismo iban a consentir sus coqueteos con los nacionalistas más radicales...aunque siendo Sánchez como es, y como se ha comportado hasta el momento, es más que posible que lo intente de nuevo.

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