La imposible libertad

Durante décadas la administración, de todos los colores, se ha empeñado en mangonear nuestra libertad de comprar y vender

Muchas veces, y con plena razón, se ha afirmado que el comercio, de manera genérica, es uno de los estamentos beneficiados por el turismo». Así comienza la argumentación de un artículo revelador, publicado en LAS PROVINCIAS, que al hilo de las declaraciones de un alto responsable de la administración, exploraba al detalle los pros y los contras de una mayor flexibilidad de los horarios comerciales; para concluir escribiendo que «cabría establecer la innovación a base de una libertad para la apertura y el cierre de los establecimientos, con la sola condición de anunciar los nuevos horarios en los escaparates, con toda claridad y precisión».

Libertad, sí. Horarios comerciales que se adaptan a las estaciones y las necesidades del negocio a tenor de lo más sagrado: la libérrima decisión de su propietario, que es quien debe ingeniárselas para vender o arruinarse. Pero ¿cuándo se imprimió esta pequeña proclama por la libertad? Pues el 28 de abril de 1963, ¡hace 55 años! Su autor, Francisco Casares, periodista valenciano, era uno de los más rigurosos seguidores de las doctrinas oficiales: pero una de ellas decía que había que adaptarse a los nuevos tiempos, los que traía el turismo.

Galerías Todo, en 1962, ya había sido piedra de escándalo: abrir de nueve de la mañana a siete de la tarde, sin interrupción, rompió los esquemas del comercio tradicional, donde el propietario no podía prescindir de su partida de chamelo en el Ateneo. Pero el debate recio estaba en el asunto de los domingos, que se planteó en los setenta, tras la llegada de El Corte Inglés. Informar de las farragosas y absurdas negociaciones entre grandes almacenes, pequeño comercio, grandes superficies y una administración siempre dispuesta a mangonearlo todo, es una de las torturas más refinadas por las que han pasado generaciones de periodistas inocentes. Pero ¿por qué se intenta homogeneizar intereses dispares, públicos heterogéneos y vocaciones asimétricas?

En mi barrio, como en todos, hay fruterías y bazares que nunca he podido ver cerrados. Para sorprenderlos, he llegado a levantarme mucho antes de la salida del sol, sin éxito alguno. Pero pasan las décadas y el problema subsiste. Erre que erre, las administraciones de todos los colores, siempre, siguen insistiendo en coartar la libertad de comerciantes y clientes: !yo modelaré tu vida!

No hace mucho, estudiando este asunto, aprendí cosas asombrosas: cuando descubres que la línea que delimita la «zona turística de libre comercio» de Nuevo Centro pasa por detrás de tu garaje, al hilo de la calle del Torpedero, para dejar media calle del Submarino en libertad y media en férrea prohibición... uno no puede más que derramar lágrimas de risa. Pero ahí están, respetables damas y caballeros, con caras la mar de serias, parándose debajo del ficus de turno para plasmar en una foto una nueva y vergonzosa cesión al chantaje continuado de la burocracia sindical. ¿Para cuándo la libertad?

Fotos

Vídeos