LA IMAGEN DEL PP

PABLO SALAZAR

Salir un día entre semana de la trinchera informativa permite ver la actualidad política desde otra perspectiva, la del padre de familia que llega a casa a una hora convencional, no de periodista, se sienta ante el televisor para ver las noticias y se encuentra con que un tal Fernando Martínez Maíllo, que pasa por ser el coordinador general del Partido Popular, explica en una rueda de prensa posterior a la reunión de la ejecutiva de su partido con los barones regionales que no se ha dedicado «ni un minuto» a hablar de Ciudadanos. Y recalca, silabeando y levantando la voz para que se le entienda bien, «NI-UN-MI-NU-TO, NI-UN-SE-GUN-DO». Uff, el padre de familia se remueve inquieto en el sillón preguntándose de dónde habrá sacado el partido que gobierna España a ese coordinador general que da la cara ante los periodistas en un momento complicado para sus siglas y no tiene mejor ocurrencia que decir que no se ha hablado nada de la formación que según las encuestas amenaza la posición dominante de los populares. Y el periodista que lleva dentro se reconcome por saber si sus compañeros presentes en la comparecencia no se habrán tenido que salir de la sala al no poder aguantar la risa ante el disparate. Pero es que visto desde la distancia, a Maíllo le pasa un poco como a Rafael Hernando, el portavoz del grupo parlamentario, que su imagen y su verbo parecen de otro tiempo y no generan empatía, no más allá de los muy fieles, no desde luego en el padre de familia que llega a una hora convencional y se sienta ante el televisor para ver las noticias.

Y luego viene la foto de familia, documento gráfico impagable del momento actual del PP. Mariano Rajoy en el centro con Cospedal a un lado y Cifuentes al otro, en el ojo del huracán justo desde ese día tras la explosiva declaración de Granados. Feijóo en primera fila, Soraya en un extremo, Montoro en el otro. Albiol en la última fila pero bien visible debido a su estatura. ¿Y Bonig? En una discreta segunda fila, detrás del presidente de Galicia, apenas visible debido a que, al contrario que el líder del PP catalán, lo suyo no son los centímetros. Atrás quedaron los tiempos en que Zaplana primero y Camps después ocupaban ese sitio que el lunes tenían reservado Cospedal y Feijóo, evidenciando el poder y la fortaleza del partido en la Comunitat Valenciana. Pero en pleno proceso de Gürtel y con nuevas causas que se abren por la gestión del PPCV, los asesores de Génova, los que le dicen a cada cargo dónde debe situarse para la foto, prefieren relegar a Bonig a una segunda fila en la que prácticamente resulta invisible. El padre de familia, telespectador ocasional, llega a la conclusión de que en Madrid las siglas valencianas siguen en cuarentena. Cuestión de imagen.

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