IGLESIAS YA NO ENTIENDE NADA

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Pablo Iglesias es como un extraterrestre cuya su nave espacial acabara de aterrizar en la plaza de la Virgen durante la Ofrenda, en plenas Fallas. No entendería nada y, a imagen y semejanza de Asterix con los romanos, acabaría sentenciando que definitivamente están locos estos terrícolas. El líder de Podemos se comporta cada vez con más frecuencia como un extraño en su propio país, un político incapaz de comprender y asumir los mecanismos y procedimientos internos que accionan los resortes de la sociedad española, que mueven a la gente, a esa gente que él dice conocer pero de la que en realidad tan sólo tiene un conocimiento demoscópico, no a pie de calle. Cada vez que hay una muerte de una personalidad de Estado incide en el mismo error, casi infantil, de confundir la legítima discrepancia por sus ideas con el debido respeto al fallecido. El último episodio ha llegado a cuenta del fiscal general del Estado, José Manuel Maza, y de la negativa del secretario general de Podemos a acudir a su capilla ardiente por entender que hacerlo sería una especie de homenaje a un alto cargo que, según su versión, amparó y protegió a corruptos. Este es uno de esos casos en que Iglesias se comporta como un extraterrestre. No entiende que aunque España ha dejado de ser oficialmente católica y que es un porcentaje bajo el de españoles que van a misa los domingos, la religiosidad, el fervor popular y el respeto a los muertos siguen muy presentes en la sociedad. La celebración de Halloween como fiesta convive con las visitas a los cementerios y, en general, los ciudadanos manifiestan un deseo de no mancillar la memoria del finado. La España de 2017 no es la de 1936, no hay un odio visceral a curas y monjas como representantes de un poder eclesiástico enfrentado a las clases populares. La capilla ardiente del fiscal general Maza no es ningún homenaje sino una simple y sencilla señal de respeto a un servidor del Estado que ha fallecido en Argentina. Pero es que con los muertos y con la religión le ocurre lo mismo que con la idea de España. Por no saber leer lo que quiere la gente se ha puesto del lado de los separatistas y en contra de los constitucionalistas, y todo por esa inquina que siente hacia la Carta Magna, el régimen del 78 y el Gobierno de Rajoy. Si saliera más a la calle, si de verdad hablara con la gente, se daría cuenta de cómo respira la sociedad en estos momentos, del sano patriotismo que ha salido a la luz y que no entiende de derechas e izquierdas, de la transversalidad de un movimiento que está harto del chantaje de unos pocos -los nacionalistas- al conjunto de los ciudadanos. Cada vez más incapaz de entender cómo funciona el país en el que vive, Iglesias ha optado por radicalizarse y hablar sólo para unos pocos. Cada vez menos.

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