EL SIP IDEAL DEL CONSELL

D. Burguera
D. BURGUERAValencia

Es una buena idea la de Mónica Oltra, que el SIP sanitario incluya datos sobre el perfil social del usuario. Sobre el papel, las intenciones de la consellera de Igualdad son irreprochables. Me comenta un nacionalista, nada amigo de la consellera, que la ley que presentó la pasada semana (otra cosa es cómo se presentó, una espectacularización de la gestión social que no me va un pelo) justifica su paso por la conselleria. Al final, los responsables de un departamento deben mirar hacia su mandato y preguntarse qué ha quedado de ellos. Bien. Eso es sobre el papel. El SIP ideal del Consell es loable. Sin embargo, la realidad pura y dura es, exactamente eso, dura. Demasiado.

El mismo día que Oltra presentaba su ley una trabajadora social de un municipio valenciano confesaba su imposibilidad de incluir informes técnicos en ADA, la plataforma administrativa de la Conselleria de Igualdad. El sistema informático es una castaña. Durante meses ni siquiera podían entrar a consultar cómo iban los expedientes de los solicitantes de la ley de dependencia, a los cuales se les sigue advirtiendo de que tardarán más de un año en ser considerados merecedores del derecho de acogerse a esa ley. No es de extrañar, no sólo por los problemas técnicos de la informática. Quien confecciona instancias como la del bono respiro es un canalla. Una persona sin formación es incapaz de poder enfrentarse a ese papeleo. Lo mismo sucede con cualquier tipo de modificación de las solicitudes de ayuda para ser beneficiario de la ley de dependencia. Un marasmo de papeleo indecente. Por no hablar de los cambios de criterio a la hora de solicitar una ayuda, que propician que los trabajadores sociales tengan que retocar los expedientes con el fin de volver a convertir en compatibles las solicitudes de los ciudadanos.

Sería maravilloso que el SIP facilite la faena a los médicos. En el futuro. Aún sería mejor si los doctores de atención primaria pudiesen, hoy, ver los informes de los enfermos de Alzheimer que se confeccionan en los hospitales cuando los afectados por esta durísima enfermedad acuden a las consultas de especialidades. No pueden verlos. Hoy. Cuando esos médicos se enteran de que eres periodista te interpelan: «En vez de contar tantas tonterías que a veces no son ciertas, deberías decir que la lista de espera para una ecografía en el Arnau de Vilanova es de un año». Una demora que lejos de disminuir, según los doctores, se ha incrementado. Le dices que eso ya lo contamos y te responden: «Pues insiste». Perseverar. Las ideas no son siempre buenas. Algunas, como la del SIP, sí lo son. Por cierto, tal y como están las cosas, habrá que ver quién, cómo y cuándo introducirá los datos sociales en las tarjetas sanitarias. Que tinguem sort.

Fotos

Vídeos