El humor del Consell

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

El humor es como el gazpacho, cada uno lo encuentra bueno en un punto de sal, de vinagre, de pepino o de ajo. No hay dos iguales ni dos comensales que lo vean del mismo modo. Por eso entiendo que el Consell se desmarque de las manifestaciones que los políticos valencianos hagan sobre noticias trágicas que casan mal con la broma elegante, como la muerte de Blesa o de Barberá. Habrá quien encuentre gracioso el 'only alive' de la famosa camiseta de Oltra sobre Camps y quien se ofenda con los chistes descarnados de Xavi Castillo. Ambos, sin embargo, nos dan pistas de cómo ven las actuales autoridades valencianas los límites del humor aunque Oltra evite señalarlos; la primera, por elección de la propia vicepresidenta y el segundo, por su promoción institucional en programaciones teatrales antes jamás vistas. Si los jueces hablan a través de sus sentencias, los dirigentes políticos lo hacen a través de sus decisiones.

En cualquier caso, suscribo las palabras del alcalde Ribó cuando recuerda que a él le enseñaron de pequeñito el respeto a los muertos. A mí también. Aunque el finado esté en las antípodas de mi forma de pensar, de creer o de sentir. La mofa sobre un muerto no habla mal de él sino de quien se ríe. Por eso el polémico tuit de Grezzi sobre Blesa no merece comentario. Se revela solo. Y si la oposición fuera mejor estratega, dejaría que el concejal se situara al borde del precipicio por su propio pie, sin necesidad de empujarlo. No hace falta pedir su cabeza, es más, cuanto más lo hagan, más lo afianzarán en el cargo. En cambio, su atolondramiento; su confusión entre tuitear como ciudadano y como gobierno municipal; su incapacidad para representar a todos los valencianos y su empeño en ir por libre constituyen el mejor diseño de la campaña del PP sin que tengan que mover un dedo los populares y, sobre todo, sin quemarse en el intento de desprestigiar al oponente. En ese punto, un toque de fina ironía iría mucho mejor que el ataque permanente contra un concejal ya amortizado. A Ribó le da igual porque, cuando termine la legislatura, él también se apartará pero quienes quieren sustituirle sí están calculando ya el coste de mantener a un pimpampum permanente. O quizás el beneficio de que actúe de sparring y les libre de la flagelación pública. Qui lo sa. No en vano, las voces críticas desde dentro han surgido entre concejalas del PSPV con opciones a trono, como Sandra Gómez cuando el concejal de Movilidad decidió sobre el aparcamiento en el carril bus sin consulta o, recientemente, Anaïs Menguzzato, contra las formas de Grezzi y, hace meses, contra el doble sentido en Barón de Cárcer sin consultar a la Policía Local.

Convertir al concejal en mártir no es inteligente. La broma macabra contra un suicida es suficientemente elocuente como para no necesitar profetas que anuncien su caída. Ante sus fieles se reafirma y ante el resto disipa cualquier pequeña duda.

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