Yo también huiría a Bruselas

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

Yo también huiría a Bruselas para poner en orden algunas ideas, para aminorar miedos, para buscar paréntesis, para toparme con el frío que por estas tierras no llega. Lo haría para recorrer, bien acompañado sin puede ser, la Rue Chair et Pain o la Rue des Bouchers, perderme por recovecos, detenerme a observar detalles absurdos en alguna fachada o tomar copas sin mirar el reloj. Y volver a ver plazas y monumentos de cuyo nombre no me acuerdo, ni falta que hace.

Yo también huiría a Bruselas para perseguir a Tintín. Por los recuerdos de la infancia, por los gozos de la adolescencia, por las lecturas robadas una vez ya adulto. Para procurar localizarlo por las fachadas, bajando por alguna escalera de incendios en compañía del Capitán Haddock, que siempre le anda a la zaga. Para leer alguna de sus tramas en las calles que las inspiraron. Para rescatar historietas de Hergé en las ediciones limitadas que esconden las librerías de la ciudad. Para descubrir la boutique dedicada al popular personaje, sacar el friki que llevo dentro y llenar la cesta con camisetas y otros objetos a los que luego seguro que no encontraría uso.

Yo también huiría a Bruselas para buscar realidades paralelas en una escapada improvisada, para olvidar los problemas ligados al día a día, para tomar fuerzas y encarar este final de año que parece que nunca se acaba, para despejar la mente y valorar algunas decisiones tomadas y otras por tomar. Para distraerme un rato. Para no pensar. O para intentarlo al menos, porque eso es casi imposible.

Yo también huiría a Bruselas para conocer el MINA, el Millenium Iconoclast Museum of Arts, que ha abierto en lo que era una antigua fábrica de cervezas a orillas del canal. Para certificar en primera persona si es verdad que se va a convertir en un referente de las artes visuales y que va a revolucionar el panorama cultural con una programación arriesgada. Qué bien suena eso. Y de paso para andar el barrio de Molenbeek, que intenta superar unos atentados que lo dejaron malherido y tocado. Y lo hace recurriendo al arte. Eso sí que es bonito.

Yo también huiría a Bruselas para tomar una barca y acceder a la Isla Robinson. Y conquistarla por unas horas. De manera pacífica, eso sí. Atravesar el lago y una vez allí poder descansar sin más propósito que relajarme. Tumbarme en alguna zona verde, comer algo típico de la zona y sacar fotos que luego nunca revelaré. Porque ya nadie sabe qué es eso de revelar.

Yo también huiría a Bruselas. Pero nunca lo haría dejando atrás a los que han confiado a mí, a los que me han depositado sus sueños o esperanzas. No lo haría para salvarme de una hoguera que he provocado yo o para no asumir una empresa que por confusa que sea he liderado yo. Hasta en las huidas hay que demostrar valentía.

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