Huele muy mal

BORJA RODRÍGUEZ

Se confirmaron las peores previsiones de Fallas tras el balance de las asociaciones de Comerciantes del Centro Histórico y del Ensanche. El informe presentado públicamente constata una vez más la falta de previsión y de coordinación del ayuntamiento de Valencia. Sin embargo para el alcalde Ribó el exceso de alcohol, excrementos y orines por las calles corresponden a lo normal de unas fiestas multitudinarias. Alcalde, esto no son los San Fermines, por suerte. Su equipo de gobierno no conoce ni la previsión ni la competencia para evitar que la ciudad se vea inundada de puestos salchicheros de lo más variado: mojitos, choripanes, salchipapas, pizzas, burguers, lingotazos, manteros, lateros, los ya clásicos conciertos de música andina y los excesos verbeneros sin ningún control de seguridad. Lo denunciaba en sus redes sociales el propio Vicente Mañó, promotor de grandes grupos valencianos y prestigioso productor de conciertos nacionales e internacionales. Un profesional acreditado, contrastado y en activo que mostraba su indignación «al ver cómo las orquestas y discomóviles montan sus equipos sobre frágiles escenarios, rodeados de viandantes expuestos al peligro». El ayuntamiento debiera tomar nota tras sus recientes experiencias, añade Mañó que «no se cumple, en general, la normativa de espectáculos públicos que sí se hace cumplir in extremis a los promotores privados y expuestos a graves sanciones». Su denuncia finaliza con su malestar ya que «la ley parece que no es para todos, es injusto y sobre todo peligroso». Un año más el caos y el descontrol toman la ciudad de Ribó, la misma que tiene a sus comerciantes en pie de guerra por el cierre de calles, por la imposibilidad de vender mientras ven cómo hacen las Fallas cientos de puestos presuntamente insalubres, descontrolados y sujetos a la ley del 'todo vale'.

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