ES LA HORA DE VENDER LO MEJOR DE VALENCIA

Cap i casal

La crisis catalana necesita una reacción de los dirigentes valencianos para ofrecer a las empresas ejemplos de convivencia

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Es difícil abstraerse pero como este trozo de papel (o de pantalla) debe servir para comentar cosas de Valencia, más bien a pie de calle, he tenido que tachar de la lista mental lo que sucede en Cataluña, el éxodo de empresas, la marea blanca que pide diálogo, la bofetada judicial a mano completa que recibirán muchos de los promotores del soberanismo y hasta el desvío puntual de algún crucero hacia Valencia.

Ha sido difícil porque lo que pide el cuerpo es todo lo contrario pero tendré que mantener lo que los pijos llaman un perfil bajo, o sea, pasar del tema. Y eso que me habría gustado escribir sobre ofertas del alcalde Joan Ribó a las empresas catalanas, poniendo hasta el Plan General a su entera disposición que para eso están los amigos. Pero el primer edil dudo que haya levantado un teléfono para llamar y decir la frase que siempre pronuncia mi amigo Paco Ricós cuando le encargan un trabajo: «Lo que haga falta y sea menester».

Como no ha habido pronunciamiento público, tengo sospechas de que tampoco ha sido en privado. El Boletín Oficial del Estado publicó el sábado el decreto que aligera los trámites del éxodo, pero aquí seguimos con el sonsonete del diálogo, donde yo añado que siempre que los soberanistas cumplan de nuevo la ley. El concejal de Hacienda, el socialista Ramón Vilar, sí que estuvo rápido el viernes para agradecer al consejo de Caixabank la decisión de trasladar la sede social a Valencia y decir que era recibida con entusiasmo.

Algo de eso debería haber dicho el primer edil, aunque Compromís tiene más compromisos de lo que pensamos quienes vemos a la formación desde fuera. No en vano, uno de sus diputados criticó abiertamente el traslado de la sede del Banco Sabadella a Alicante, además con muy malos modos. Dos almas y dos lenguajes lo complican todo.

Pero no quería hablar de esto, como tampoco de los dos cruceros que llegaron hace unos días, escapando de las revueltas en las Ramblas y el mal ambiente que se respira en la ciudad donde precisamente nació la turismofobia. Llegaron a Valencia casi de incógnito, aunque me consta que el servicio ofrecido fue de lujo.

Arribaron a un amarre sin terminal por desgracia, pese a que el presidente de la Autoridad Portuaria, Aurelio Martínez, anunció que se haría con fondos públicos si no lograban captar el interés de una empresa. De momento es una gran explanada.

El turismo de cruceros se consolida igual que sucede con las cifras totales de visitantes. Extranjeros y apartamentos son los dos elementos de la ecuación que más tiran, por lo que urge la regulación del sector de estancias turísticas.

La concejal del ramo, Sandra Gómez, explicaba tras la junta de gobierno del viernes que una de las opciones sobre la mesa en la negociación con Airbnb es que la plataforma publicite sólo los apartamentos que se alquiler un máximo de 60 días al año. Más tiempo, aduce, exigiría la formacion de una empresa con todas las obligaciones fiscales.

No digo que no sea una idea asumible por el operador de internet, pero limitar la actividad económica es siempre el peor camino. Los mercados regulados en exceso tienden a propiciar el aumento de la oferta ilegal, que en el asunto de los apartamentos ya es de locura. De ahí que sería mucho más interesante el control de ciertas normas de convivencia, tributarias y urbanísticas. Eso es lo que encaja más en lo que debe ser el trabajo de un ayuntamiento y la Policía Local.

La voluntad del gobierno municipal es firmar el acuerdo en un convenio, de tal modo que se evite el riesgo de un recurso en los tribunales. En otras ciudades se ha querido imponer y el asunto ha salido fatal para los planes municipales, como sucedió con Carmena en Madrid.

De todos modos aún falta tiempo para que el pacto en Valencia sea una realidad, a no ser que Gómez dé la campanada con una rúbrica antes de que acabe el año. Mientras, los vecinos del centro seguirán con las quejas producidas por una minoría revoltosa de turistas, que perjudican la imagen de los demás.

Pero todo esto viene del tema que no quería comentar, los sucesos en Cataluña y su influencia en Valencia. Hoy salimos a la calle para festejar el día de la Comunitat y la gran diferencia a nuestro favor es que aplaudimos tanto a la Real Senyera como a la bandera de España. Con ese ejemplo, es fácil que vengan más empresas. Serán bien recibidas.

Fotos

Vídeos