LA HORA DEL CEMENTERIO

Mª ÁNGELES ARAZO

No valen excusas, ni escapadas; ha llegado la fecha de acudir al cementerio, con remordimiento, con pena, con rabia.

Hace más de dos siglos que se inauguró el Cementerio General de Valencia; el acontecimiento tuvo lugar exactamente el 7 de junio de 1807; y su historia se inicia con el primer entierro al día siguiente, el de un carpintero llamado Vicente Gimeno.

Con el nuevo Campo Santo se ponía fin a los cementerios parroquiales que hasta entonces bordeaban los templos, lo que era un permanente atentado contra la salubridad e higiene, tan pregonadas en el siglo de las luces.

Como consecuencia empezó a surgir la ostentación del recuerdo de quienes dejaban nuestro mundo, para pasar al de las interrogaciones infinitas, que aún ignoramos contestar, aunque en aquellas épocas gustase recordarnos la brevedad de la existencia en las lápidas:

'Oh, tú, mortal, seas quien

quisieras.

Yo fui lo que tú eres.

Tal vez hoy serás lo que yo

soy.

¿Qué importa mi nombre

tan siquiera?

Aquí yace quien espera'.

O la necesidad de la oración esculpida en el mármol:

'A Dios, pasajero, a Dios;

A Dios y ruega por mí;

Que en el Tribunal de Dios,

yo también lo haré por tí'.

Pronto aparecieron las losas, junto a las frases de dolor y de recuerdo eterno, finos relieves con metáforas y símbolos, como las flores adormideras, la guadaña, los pebeteros, los pequeños ángeles y la Parca.

También se dejó constanciade imágenes religiosas, como el Cristo y la Virgen.

Y a la vez, la nobleza, la burguesía y los de ostentosa economía encargaron monumentos, algunos realmente impresionantes por su belleza, en ocasiones firmados por un arquitecto y un escultor, como el de Antonio Martorell y Mariano Benlliure, famoso por el ángel encarnado en una muchacha desnuda que abre la puerta con sigilo.

Es el ángel que buscamos de año en año.

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