Homeopatía electoral

Para los gobernantes vender los logros es tan importante como conseguirlos

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

No sé si es manía mía o insistencia del algoritmo de Google en mostrarme esos titulares pero tengo la sensación de que el Consell del Botànic pasa más tiempo celebrando ser que actuando en consecuencia. Primero fue la fiesta de haber llegado. Luego, el primer año del pacto. Ahora, el ecuador de la legislatura. Supongo que para el tercer año, que siempre resulta incómodo porque no es una fecha redonda, escogerán la clave «hemos cumplido el 100% de las promesas» y, para el cuarto, el éxito de haberse mantenido durante todo un mandato.

Entiendo que vender sus logros es tan importante como conseguirlos. En especial, cuando los tribunales están pinchando todos los globos que lanzan, exultantes, a la estratosfera mediática. Sin embargo, esa insistencia no parece responder a la clásica propaganda sino a algo más. Dime de lo que presumes, dice el refrán popular y quizás haya que aplicarlo también a la vida pública. Tengo para mí que esa tendencia machacona devenida en aparente autocomplacencia no es tal sino mensajes ad intra para los fieles y, sobre todo, para «los otros». No hablo de la oposición sino del fuego amigo. En su carrera particular, PSPV y Compromís tienen que procurar ser imprescindibles. Gracias a ellos, las cosas han cambiado en la Comunitat. Y cuando digo «ellos» me refiero tanto a los partidos, como incluso a sus cabezas visibles. Por si las dudas.

La crítica que se han hecho los políticos a sí mismos durante estos años de crisis institucional es que no han sabido explicarse. En realidad es «venderse» pero ellos siempre recurren a un problema de comunicación, no de marketing. La cuestión es que andan preocupados con que la opinión pública se les eche al cuello y nada mejor que vigilar de cerca su respiración entregando dosis constantes de autofelicitación. Es como una homeopatía electoral. Mejor gota a gota que un tratamiento brutal de golpe. Es el efecto sedimento que va calando y ayudando a mejorar, según sus defensores. En el ámbito político ocurre lo mismo. Puesto que la campaña electoral tiene el efecto que tiene, es tardía e incontrolable, resulta más rentable apostar por la gota malaya para horadar la piedra. Es un modo de no dejar un minuto libre, bombardeando sin tregua con mensajes que dan por hecho la conclusión. Así no hay posibilidad de que el ciudadano se pare a pensar si de verdad ha sido tan importante el Botànic; si más allá de los fuegos de artificio, los resultados son abundantes, definitivos y palpables. Por lo que parece esa seguridad está demasiado en entredicho y no porque una hipotética vuelta del PP pueda desmontar todo lo logrado sino porque al paso que van, cuando lleguen los que sean, no encuentran ni el carril bici para meter la picota. Y eso que el imaginario colectivo tiene todos los boletos para convertirse en la imagen de «la Nau». De momento sigamos con los festejos por si llegado el final no hay por qué brindar.

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