Un hombre con toda la barba

FERRAN BELDA

Juan J. Moreno, biógrafo del periodista, escritor y divulgador científico José Mª Meliá Bernabeu 'Pigmalión', se ha descolgado ahora con que el también amigo, confidente y secretario de Blasco Ibáñez durante el tiempo en que el novelista cubrió la I Guerra Mundial desde Francia era en realidad una mujer. Ocurre, sin embargo, que las pruebas que aporta para avalar esta supuesta transexualidad del por lo demás Premio Ondas 1960 por sus programas de astronomía, no son, desde luego, muy concluyentes. El hecho de que en el registro no figure más que una Josefa con sus apellidos (prueba nº 1) no demuestra nada, en contra de lo que dice ahora el autor de 'José Meliá Pigmalión: Una vida en luces y sombras' (2001). Si hasta el mejor escribano no echara un borrón no habría la cantidad de apellidos parecidos que hay.

Es más: la misma familia de Vicente Blasco Ibáñez discrepa sobre su natalicio, pues mientras la hija, Libertad, asegura que nació el 28 de enero de 1867, Pilar Tortosa pone por testigo precisamente a Pigmalión de que la fecha correcta debe ser la del 27. ¿Qué otros detalles han llevado a Juan J. Moreno a pensar que habrá que corregir el nomenclátor callejero de Valencia y Benaguacil? Que llevaba el pelo largo (prueba nº 2); que a Gloria Llorca Blasco Ibáñez siempre le pareció un ser «excéntrico y desaliñado» (prueba nº 3) y además que poseía unas manos y unas uñas femeninas, según una alumna que tuvo durante el curso 1954-55 (prueba nº 4) no son más que naderías. Un testimonio libre de toda sospecha las rebate una por una.

El con posterioridad ministro de Obras Púbicas de la República Juli Just i Gimeno escribió en 1928: «Yo había visto muchas veces a 'Pigmalión' cruzando las calles con su aire ausente y soñador, los libros bajo el brazo, con el sombrero negro y aludo echado sobre los ojos, dejando sólo ver del rostro unas mejillas llenas y rojas y una barba negra, redonda y rizada». «La melena de 'Pigmalión' -proseguía- tenía para mí, en medio de las multitudes ciudadanas que él cruzaba sin casi enterarse, la significación de un grito de combate, de un temperamento original e independiente». A quien no le convence en absoluto que Moreno arguya como prueba (nº 5) que Meliá incluyera en la traducción de 'La traviesa camarera del amor', de Maria Volpi (1925), una entrevista con la escritora transalpina en la que ponderaba el papel de la mujer, es a una amiga mía. Pigmalión vivía no lejos de su casa en un descuidado piso de la calle del Almirante. Le dio clases de italiano. Un sobrino y otros conocidos suyos fueron a verle al hospital cuando enfermó. Y a ninguno de ellos se le pasó por la cabeza que aquel señor que les contaba historias de cuando quiso ser marino, del padre, conductor de tranvías de caballos, o de Blasco Ibáñez fingía ser lo que no era.

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