Lo que hizo Semedo no es nada

FERRAN BELDA

No todos los días detienen a un futbolista de Primera División por presuntos delitos de homicidio en grado de tentativa, lesiones, amenazas, detención ilegal, tenencia ilícita de armas y robo con violencia. A veces los procesan en bloques de 42, dos equipos de una tacada, el Levante UD y el Real Zaragoza, por fechorías tan en boga como la corrupción y la falsedad documental. Pero no se debe generalizar. Banegas sólo ha habido dos: El que se masturbaba ante una cámara y destruía el mobiliario de un hotel antes de que el Valencia CF lo fichara y el que, una vez en el Cap i Casal y gracias a los consejos que le fueron dando sucesivamente Emery, Koeman, Valverde y Pizzi, sólo se atropellaba a sí mismo, suspendía en los controles de alcoholemia o llegaba a los entrenamientos ahíto de vino, cuando ya se habían acabado u oculto en el portamaletas de un coche ajeno. Más que nada por prudencia; los suyos ardían incomprensiblemente. Y Miguel Brito, el otro valencianista sobre el que pesa una inmerecida leyenda negra, no cuenta, porque aunque también tiró de pistola, como Semedo, lo hizo en Lisboa y por causas plenamente justificadas: no le dejaban entrar en una discoteca. Quitado de esto, el comportamiento del Brito blanquinegro no pudo ser más ejemplar. Apenas si arrolló a dos ancianas y a otro vehículo cuando acudía presuroso al trabajo. Pista, que mancho. Y aún siendo cierto que formaba parte de la cuadrilla que protagonizó un altercado en una biblioteca, digo discoteca del Ensanche, fue Manuel Fernandes quien pasó la noche en los calabozos acusado injustamente de robar un reloj. No. La mayoría de follones en los que se han visto envueltos jugadores locales no han sido más que chiquilladas. Travesuras de muchachos con dificultades para refrenar sus impulsos y asimilar la fama y la riqueza.

Los verdaderos sustos nos los han dado los directivos y los políticos futboleros. La RTVV de Zaplana compró los derechos de televisión del Valencia para el periodo 1996-2006 por 12.000 millones de pesetas, para acto seguido cedérselos a Antena 3/Telefónica y quedarse a dos velas. Paco Roig exprimió Mestalla como si fuera un limón. Francisco Camps quiso ganarse a los aficionados concediendo 118 millones en créditos a cuatro clubes de fútbol y sólo consiguió: 1) Aumentar la deuda autonómica; 2) Abocar al Valencia a la venta; 3) Facilitar al multiprocesado Enrique Ortiz la recompra del Hércules por la 38ª parte de lo que debía al IVF y 4) Que la Generalidad continúe siendo la propietaria del Elche CF al no atreverse el IVF a dar por buena una subasta tan cantarina como la del Hércules y declararla quebrada. Amadeo Salvo y Aurelio Martínez le sirvieron la SAD a Lim en bandeja. Etc., etc. Comparado con lo cual, el presunto crimen perpetrado por Semedo -Intentar cobrar una deuda por las bravas- no es nada. Nada que no intentara hacer antes un expresidente con otro. Con idéntico resultado.

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