¿QUÉ SE HIZO DE PODEMOS?

PABLO SALAZAR

Me permito acudir a la fórmula de las famosas y eternas coplas de Jorge Manrique para preguntarme qué fue de aquel partido joven que vino a renovar la viciada y obsoleta política española, dónde fue a parar, en qué quedó su ímpetu, su afán de cambiarlo todo. Empeñado en derribar «el régimen del 78», su líder absoluto, Pablo Iglesias, cometió el error histórico de alinearse con los independentistas en contra del PP, de la Constitución, de la monarquía parlamentaria, de la aplicación del artículo 155 en Cataluña... Arrinconados los moderados que apostaban por la transversalidad, el partido morado se ha ido escorando hacia la radicalidad, habitando ahora en territorios de los antisistema más propios de la CUP que de una formación que aspiraba a gobernar. Su alianza con los nacionalistas -como el pacto de Botànic en la Comunitat Valenciana, que les ata a Compromís- es contra natura para un partido de izquierdas que debería tener una visión unitaria de España en lugar de dar alas a los proyectos que a la larga -como se ha visto en Cataluña- acaban por intentar romper el Estado. Y su juego a dos bandas, su intento de no estar ni con los constitucionalistas ni con el bloque separatista catalán, ya se ha visto cómo le ha pasado factura en las elecciones del 21 de diciembre.

Podemos necesita la agitación social para crecer, para recobrar la iniciativa, para volver a tener pulso. Otro 15-M. Iglesias creyó que el desafío catalán podía ser una nueva oportunidad para llevar adelante su estrategia, pero se equivocó. Midió mal -como los separatistas- el poder del Estado de derecho, y tampoco contó con la reacción españolista, con la salida a la calle de miles de ciudadanos hasta ese momento callados. Ahora, en silencio, cada vez más solo, rodeado por sus fieles, lo confía todo a una nueva crisis económica, a un explosión del sistema que afecte aún más a los jóvenes, a los asalariados, a los jubilados, a todos los estamentos sociales. Pero mientras ese escenario no llegue a producirse, mientras las cifras macroeconómicas sigan avalando al Gobierno de Rajoy, mientras los centros comerciales se llenen como en las pasadas navidades o ahora en las rebajas, Podemos tiene complicado por no decir imposible recuperar el tiempo perdido y su posición en las encuestas de intención de voto. Cuando Iglesias abandonó la transversalidad, levantó el puño, sacó del armario el viejo ideario comunista y cobijó a nacionalistas e independentistas, se alejó tal vez para siempre de la mayoría de los ciudadanos, de ese gigantesco granero de votantes que da y quita gobiernos, que decide entre PP, PSOE o Ciudadanos y que desde luego no está por la radicalidad, el asalto al Estado y el desmontaje de todo lo logrado con la Transición y la Carta Magna de 1978.

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