UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XVII)

UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XVII)

El Valencia ascendió a Primera División por primera vez en su historia el 29 de marzo de 1931

JOSÉ RICARDO MARCH

Habíamos aparcado el relato deportivo del Valencia a comienzos de 1929 en un momento especialmente importante en la historia del fútbol español. Los clubes se hallaban a las puertas de la celebración de la primera Liga de fútbol profesional. Ya sabemos que el nuevo campeonato se dividía en tres categorías y que el Valencia había quedado encuadrado en el grupo A de la Segunda División tras haber caído en la fase clasificatoria contra el Racing de Santander.

A pesar del indudable potencial deportivo del equipo, la estabilidad institucional alcanzada durante la presidencia de Facundo Pascual y la ambición demostrada en los últimos tiempos, el estreno en Segunda llegó en un momento sumamente complicado para el Valencia. El entrenador inglés Elliott, que el año anterior había llevado al equipo a las semifinales de la Copa, mantenía un enfrentamiento abierto con la plantilla que había llevado a los jugadores a amenazar con un plante si el técnico seguía en el club. La situación fue parcheada, como sabemos, traspasando la responsabilidad de confeccionar las alineaciones a Luis Colina. Sin embargo, el ambiente enrarecido derivado de esta situación propició que el primer año en Segunda fuera, cuanto menos, irregular. El Valencia empezó el campeonato con fuerza, pero funcionó a base de rachas. Aunque llegó a ser segundo y tuvo el liderato a tiro, el lamentable final de temporada (con una sola victoria en el último tramo) lo descabalgó de la pelea por el ascenso. El equipo se clasificó finalmente en quinta posición a tres puntos del Sevilla, que se proclamó campeón.

A mediados de 1929 Facundo Pascual dimitió y fue sustituido en la presidencia por el prestigioso oftalmólogo Juan Giménez Cánovas. Los cambios siguieron en el banquillo, al que retornó el muy querido Anton Fivébr, y la plantilla. Colina incorporó, entre otros, a dos internacionales de postín (Luis Casas Pasarín y José Luis Zabala) y a un buen defensa murciano formado en el fútbol catalán: Juan Melenchón. Los refuerzos convidaban al optimismo, pero el pésimo inicio de temporada (cuatro derrotas en cinco jornadas, una cifra letal para una liga de diez equipos) situó al Valencia muy lejos del objetivo ansiado por la directiva y la afición: el ascenso a Primera. Posteriormente el equipo se colocó a un punto del líder tras pasar dos meses invicto, pero dos goleadas en contra en Oviedo (0-5) y Sevilla (0-4) le hicieron perder nuevamente el tren del liderato. El Valencia cerró la temporada liguera con una derrota en El Molinón en un partido arbitrado por Fausto Martín, que se haría tristemente célebre para el valencianismo solo unas semanas más adelante.

Todo cambió, contra pronóstico, en el verano de 1930. La delicada situación económica del club había obligado a que los refuerzos del club (los hermanos Conde, Perona y Octavio) fueran modestos, pero Fivérb supo sacarles el máximo rendimiento, especialmente al joven Tonín Conde, que pronto se convertiría en uno de los puntales del Valencia. A pesar de que la Segunda División de la campaña 30/31 estaba repleta de rivales de gran categoría (el recién descendido Athletic de Madrid, el Sevilla, el Betis o el Sporting) el Valencia soportó la presión y, tras sumar seis victorias seguidas durante los meses de febrero y marzo, llegó a la penúltima jornada en disposición de proclamarse campeón. La victoria conseguida en Gijón (1-2), unida a la derrota del Athletic ante el Castellón, dio el ascenso matemático al equipo el 29 de marzo de 1931. Una semana después, en un Mestalla repleto, aficionados y jugadores festejaron el triunfo de la mano de una victoria aplastante (6-0) ante el Betis. Aquella jornada ha quedado grabada en la memoria valencianista gracias a una icónica imagen: el posado, junto a la venerada bandera oficial, de los futbolistas (Cano; Melenchón, Torregaray; Salvador, Molina, Conde; Torredeflot, Picolín, Vilanova, Costa y Sánchez, más el portero suplente Villarroya y el técnico Fivébr) frente a la tribuna de Mestalla.

El gran logro alcanzado por el Valencia desbordó el entusiasmo en la ciudad. Entre los múltiples actos de homenaje al equipo destacó el gran banquete ofrecido en el restaurante de la Democracia por Josep Rodríguez Tortajada, un activísimo socio que acabaría siendo presidente del club durante la guerra. En vísperas de la proclamación de la Segunda República, el Valencia acababa de conseguir su éxito más resonante hasta la fecha: el ascenso a la Primera División del fútbol español, categoría en la que militaría ininterrumpidamente hasta 1986.

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