UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XIII)

UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XIII)

La determinación y voluntad de querer alcanzar el éxito impulsó al Valencia en sus primeros años de vida

JOSÉ RICARDO MARCH

Poco antes de cumplir su primera década el Valencia era señalado como el gran dominador del fútbol valenciano. Las cifras hablaban por sí solas: cuatro títulos regionales (1923, 1925, 1926, 1927), tres subcampeonatos (1921, 1924, 1928) y una participación en 1923 en la fase final copera, en la que el equipo, incluso, había conseguido ganar un partido al Sporting y forzar el tercer encuentro. La colección de honores, sumada a las numerosas victorias en torneos y partidos amistosos de toda índole, colocaba al club en una inmejorable posición en los albores de una nueva era futbolística que cristalizaría con la creación de la Liga en 1928.

¿A qué se debió este rapidísimo ascenso a la cumbre? Fundamentalmente, a una política incansable e inteligente por parte de sus dirigentes, resueltos a incorporar al Valencia a la modernidad a marchas forzadas. Partiendo de lo aprendido en las experiencias previas (y, por lo tanto, sabiendo qué asuntos convenía cuidar y mejorar), los directivos del club tomaron varias decisiones de calado. Como sabemos, el Valencia priorizó la construcción de un estadio propio, lo que le permitió sortear el problema que había impedido crecer a sus predecesores. Pero también se dotó muy pronto de un arsenal simbólico que le dotaría de una identidad poderosa y reconocible, entre el que destacaban dos elementos: un himno identificativo (compuesto por el directivo Bernardo Duties y la profesora de música Lolita Soriano) y una primorosa bandera oficial.

Otro de los grandes aciertos del Valencia fue la hábil utilización de los medios de comunicación y la publicidad para construir un relato victorioso que atrajera al aficionado al fútbol, tanto en Valencia como en toda España. Los propagandistas del club, especialmente Pepe Llorca, corresponsal de publicaciones como 'Eco de Sports' (Madrid) y 'La Jornada Deportiva' (Barcelona), trasladaban repetidamente el mensaje de que el Valencia era el único club valenciano que podía competir con los grandes del fútbol español. Era una idea, en cierto modo, verdadera. De los rivales locales uno, el España, quedó herido de muerte tras su desastrosa participación en la Copa de 1922; otro, el Levante, permanecía prácticamente encapsulado en su microcosmos marítimo, del que empezaría a salir lentamente a partir de su instalación en el Camp de la Creu del Camí Fondo. Del último, el Gimnástico, ya sabemos que fió prácticamente todo a su condición de decano (y al recuerdo de su limpio y honroso historial) una vez perdida la hegemonía deportiva.

Junto a la machacona propaganda valencianista, desplegada hábilmente en cinco de los seis diarios de la ciudad ('Diario de Valencia', gimnastiquista, no pasó por el aro) y en las revistas deportivas (las populares 'Valencia Deportiva' y 'La Estaca'), jugó un papel esencial la construcción de un particular 'star system' futbolístico en el que predominaban los valencianistas. La imagen de los deportistas, reproducida en cromos y postales, no tardó en hacerse popular entre el gran público. Varios jugadores, incluso (caso de Montes, Cubells, Peral o Mariano) llegaron a ser objeto de biografías e, incluso, pasodobles.

Además de la popularidad alcanzada sobre el terreno de juego, el Valencia consiguió captar a un gran número de aficionados a partir de dos medidas: por un lado la organización por parte de Anton Fivébr de la Olimpiada juvenil, un torneo ideado para incorporar talentos para el Valencia. Y, por otro, la creación de las secciones deportivas, entre las que pronto destacó la de atletismo gracias a las victorias de José Andrés.

Por último, un elemento esencial en el rápido crecimiento del Valencia fue la temprana asunción del profesionalismo en un momento en que esta cuestión generaba encendidos debates en el fútbol español. En 1921 el club había incorporado a un jugador semiprofesional, Irivas. Tres años después, tres excelentes futbolistas catalanes (Garrobé, Roca y Reyes) se convirtieron en los primeros hombres en percibir un salario de manera regular por parte del club.

Todas estas medidas contribuyeron decisivamente al despegue del Valencia, del que pronto se asombraron propios y extraños. En diciembre de 1923, Joseph Sikl, miembro de la federación checoslovaca, resumió en apenas unas frases su impresión acerca del club de Mestalla: «Nos hemos convencido que Valencia ha hecho un paso gigantesco en el terreno de sport, y creemos que no tardará mucho que llegarán a primera fila (...). Eso es consecuencia de un trabajo constante: la voluntad de querer llegar».

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