UNA HISTORIA DEL VALENCIA (VIII)

Arturo Montes fue el primer gran delantero centro con que contó el Valencia

JOSÉ RICARDO MARCH

El colegio de los Salesianos de la calle Sagunto, inagotable fábrica de talentos dirigida por el padre Guillermo Viñas, fue la principal cantera del Valencia en sus primeros años de vida. En su campo de deportes se foguearon decenas de los protagonistas del fútbol de los veinte. Uno de ellos acabó superándolos a todos por su carisma, determinación y, sobre todo, por su capacidad goleadora, que lo catapultaría a la popularidad en toda España: Arturo Montesinos, 'Montes'.

Arturo nació en una alquería de la huerta de Benicalap en 1900. La historia nos cuenta que descubrió el fútbol en su niñez y que aquel deporte de importación, todavía de escasa aceptación entre la fauna local, se convirtió inmediatamente en su pasatiempo favorito. Hay una graciosa anécdota, relatada en su primera biografía, que explica cómo su velocidad le libró en alguna ocasión de tener que pagar los cristales rotos tras sus andanzas con los balones de trapo. La afición, convertida en una obsesión en plena pubertad, fue concienzudamente pulida por Viñas en los Salesianos. Allí Montes aprendió a driblar como un profesional y mostró con creces su voracidad goleadora (la leyenda cuenta que marcó diecisiete tantos en un partido del campeonato infantil). Sin embargo, las necesidades familiares lo arrancaron durante tres años y medio de los campos de fútbol.

En 1920 el recién nacido Valencia FC se encontró con un importante problema. Su delantero centro, el irunés Nicolás (de) Guerendiáin, explicó a sus compañeros que había conseguido el traslado de expediente a la Universidad Central y que, por lo tanto, se marcharía al final del año escolar. El Valencia necesitaba inmediatamente un recambio para cubrir tan sensible posición. Fue entonces cuando Pepe Marín, 'Marinet', integrante, como Montes, del Sagunto (aunque otras fuentes han adjudicado la sugerencia a Piñol, viejo amigo de Arturo), recordó al antiguo compañero y recomendó su incorporación al equipo.

Arturo Montes debutó con el Valencia el 27 de junio de 1920 en un partido contra el Gimnástico correspondiente a la Copa Valencia, encuentro que acabó con victoria valencianista por 2-0. Ese mismo día Montes demostró ante la afición que su concurso otorgaba al Valencia un extraordinario plus en ataque. El ariete dejó pasmados a propios y extraños gracias a su fortaleza, seguridad, su excelente juego de piernas y un potente disparo (la famosa «tellà»). Suyo fue el segundo gol del partido, definido por la prensa como el mejor del año, tras rematar de manera impecable un centro de Miguel Umbert.

La estancia de Montes en el Valencia se extendió entre 1920 y 1928 y fue un verdadero éxito. Según los números de Ciberché, la maravillosa base de datos del Valencia CF, Arturo marcó 262 goles en 265 encuentros, una cifra descomunal incluso para aquellos tiempos. En ese período el club se apuntó cuatro campeonatos regionales y dio el salto a la arena del fútbol estatal. Montes fue protagonista, además, de honores dignos de mención. Suyos fueron el primer gol en Mestalla, el primer tanto contra un equipo extranjero, el Cette o Sète (al que siguieron otros cuatro en el mismo partido), y el que dio la victoria al Valencia en el partido de ida de la Copa de 1923 contra el Sporting. Sus registros le proporcionaron una extraordinaria popularidad (y una legión de seguidores, los famosos 'montistas', que exigían la devolución de la entrada si él no jugaba) plasmada en seudónimos («El emperador de Benicalap»), coplillas, biografías y homenajes. Y si no llegó a la selección fue por su enemistad manifiesta con Ricardo Zamora, entonces santo y seña del fútbol estatal. Mi amigo David Montesinos, nieto del ídolo de Algirós, me explicó que en los enfrentamientos Montes-Zamora saltaban chispas y que nuestro delantero se llevaba de ellos algo más que goles: un buen surtido de amenazas, insultos, escupitajos y alguna que otra magulladura a cuenta del 'Divino'.

Tras ocho años de triunfos, salpicados con algún que otro ruidoso desencuentro, el Valencia dio la baja a Montes de manera poco elegante en 1928, en vísperas del debut en la Liga. Tras una temporada en el Gimnástico, el ariete de Benicalap retornó a la disciplina valencianista para jugar en el equipo de aficionados, algo pasado de peso pero con el mismo ímpetu e idéntica ilusión que en su años de gloria. Aquella década inicial en la que Arturo Montes fue pieza fundamental en el crecimiento del Valencia FC.

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