UNA HISTORIA DEL VALENCIA (XIX)

Primer gol del VFC. / Badosa
Primer gol del VFC. / Badosa

En 1934 el Valencia jugó su primera final de Copa ante el Madrid en el estadio de Montjuïc

JOSÉ RICARDO MARCH

Sorteado, gracias al gol de Costa en Mendizorroza, el susto del posible descenso y capeada momentáneamente la grave crisis económica que atravesaba el Valencia, el club de Mestalla se preparó para afrontar la temporada 33-34. La campaña se inició con la sustitución en agosto de 1934 de la directiva de Adolfo Royo. Fue nombrado presidente Francisco Almenar, que formó una junta con valencianistas de prestigio y largo recorrido como Juan Ramos Chiva, Enrique Taulet, Manuel Cuadrado, Manuel Sala o Juan Couchoud.

Tras cerrar el capítulo administrativo tocaba conformar un equipo sólido. Apenas mes y medio atrás el Valencia había cerrado la incorporación del inglés Jack Greenwell, exentrenador del Barça y el Espanyol, a los que había llevado a la conquista de tres Copas y siete campeonatos catalanes. También se hallaba en su haber el descubrimiento de futbolistas como Zamora, Samitier, Alcántara o Sancho, entre otros. Greenwell, al que José Manuel Hernández Perpiñá describió con suavidad como «buen técnico, pero gran amigo del alcohol», fue recibido entre loas por la prensa deportiva valenciana, que se relamía pensando en los éxitos futuros.

El inglés respondió a las expectativas depositadas en él, al menos en su primera temporada. Sumó a la base existente (los Cano, Pasarín, Amorós, Vilanova, Costa y compañía) tres refuerzos que proporcionarían un extraordinario rendimiento al club en los siguientes años (Iturraspe, del Nacional de Madrid; Bertolí, del Sans; Villagrá, del Arenas), así como dos jugadores de complemento (Menchaca y Trabanco) y el prometedor extremo Aparicio. Con este equipo el Valencia se apuntó el primer torneo que jugó, el campeonato regional, y disputó la Liga sin sobresaltos, ayudado por el anuncio de que el torneo se ampliaría en la siguiente temporada y que, por lo tanto, no habría descensos. El equipo se clasificó finalmente en séptimo lugar y cuajó algunos éxitos puntuales, como su primera victoria liguera fuera de casa ante el Arenas en Ibaiondo (1-2) o dos triunfos en Mestalla frente al Madrid (2-1) y el Barça (2-0).

Con la Liga finiquitada el Valencia afrontó la disputa de la Copa, su competición favorita, dispuesto al menos a igualar los registros de la temporada anterior, en la que había llegado a las semifinales. En la primera eliminatoria el cuadro de Greenwell venció 7-1 al Racing de Santander en Mestalla, pero perdió 6-2 en El Sardinero, lo que evidenciaba su debilidad fuera de casa. En octavos de final el Valencia se desquitó de la goleada superando ampliamente al Murcia por 1-3 en La Condomina y 6-2 en Mestalla. En cuartos se enfrentó al Hércules en una eliminatoria, cuanto menos, movida. En el partido de ida, con un millar de valencianistas en la grada de Bardín, el Valencia cayó por 2-1 en un partido duro y desagradable. En el competidísimo encuentro de vuelta, los blancos apearon a los alicantinos tras vencerles 3-0.

En las semifinales aguardaba el Oviedo, uno de los mejores equipos del momento, en cuyas filas militaban estrellas como el portero Óscar o el delantero Lángara. El Valencia no pudo pasar del empate a 2 en la ida, disputada en Mestalla. Sin embargo, cuando todos daban al Oviedo por seguro finalista (así lo reflejó, por ejemplo, el semanario madrileño As, en una de las mayores meteduras de pata de la historia de la prensa deportiva), el Valencia sacó el genio y venció por 1-3 en Buenavista para asombro del planeta fútbol. La fórmula Greenwell había surtido efecto.

La final de 1934 se recuerda, ascenso a Primera aparte, como el primer gran acontecimiento en la historia del Valencia. El partido se disputó el 6 de mayo en el estadio de Montjuïc, al que se desplazaron 12.000 valencianistas. El rival fue el Madrid, cinco veces campeón de España, dos de Liga y con una alineación con nueve internacionales. El Valencia opuso ilusión y coraje, encarnadas en un equipo de gran recuerdo (Cano; Torregaray, Pasarín; Bertolí, Iturraspe, Conde; Torredeflot, Abdón, Vilanova, Costa y Villagrá), vestido con una preciosa equipación: camiseta roja, con franja con la senyera, y pantalón negro.

El partido fue apasionante. Valencia fue netamente superior en la primera parte pero no consiguió marcar. Tras la reanudación Vilanova logró el 0-1 entre el entusiasmo de los valencianistas presentes en Barcelona. Sin embargo, veinte minutos después el Madrid empató tras una genialidad de Hilario y poco después Lazcano puso el 2-1 definitivo. Con todo, a pesar de la derrota, el Valencia y sus aficionados salieron muy satisfechos de Montjuïc, convencidos de que muy pronto el equipo podría superar aquella hazaña.

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