UNA HISTORIA DEL VALENCIA (V)

Silla de enea

Milego y Medina forman la primera pareja importante en la historia del Valencia

JOSÉ RICARDO MARCH

De todos los mitos que jalonan el siglo de existencia del Valencia hay uno, con base matemática, que ha conseguido perdurar en el tiempo: el que resalta el papel central de las parejas en nuestra historia. Si echamos un vistazo a nuestro relato vital comprobaremos cómo, más allá de la importancia de determinadas individualidades (Molina, Wilkes, Claramunt, Kempes, Fernando, Di Stéfano o Benítez, entre otros) o grupos de trabajo (la delantera eléctrica), encontramos duplas decisivas en cada momento de éxito del club. Hagan memoria y recordarán, por ejemplo, los binomios formados por Montes y Cubells, Puchades y Pasieguito, Waldo y Guillot o Baraja y Albelda.

La primera manifestación de esta querencia por la bicefalia aparece ya antes de la fundación del club. Y es que dos fueron, por encima de los demás, los responsables de que el Valencia echara a andar: Octavio Augusto Milego, profesor de literatura, y Gonzalo Medina, funcionario de obras públicas. Con el tiempo se consolidó el mito de que Milego era el intelectual y Medina, el hombre de acción. Es una idea, cuanto menos, matizable. Como lo es también la habitual relegación de Medina a un papel secundario en la fundación y primeros días del club. En realidad don Gonzalo fue mucho más importante de lo que se cree. Presidió la comisión organizadora de la entidad y desde su aparentemente folklórico cargo de "organizador de festejos" fue pieza clave en el desarrollo de la entidad.

Milego y Medina, que habían trabajado de manera coordinada en el Sagunto de los salesianos y, posteriormente, en el Deportivo Español, aplicaron al Valencia su proyecto para confeccionar un club moderno y representativo de la ciudad. Nos ha llegado la historia romántica de que una moneda al aire decidió que la presidencia recayese en Milego, aunque lo que en realidad ocurrió fue que los miembros de la primera directiva trucaron el sorteo para que el toledano fuera el elegido. Fue, seguramente, la decisión más inteligente, habida cuenta de que Milego contaba con la experiencia necesaria para el cargo, acumulada durante su etapa como presidente del Sagunto y factótum del Español. Medina, por su parte, asumió el papel de relaciones públicas e interlocutor con las autoridades municipales y se encargó de todo lo referente a la búsqueda de un terreno de juego, un aspecto esencial para la supervivencia de la entidad.

En los primeros tiempos de vida del club Milego y Medina jugaron fuerte, a veces demasiado, para conseguir la consolidación del Valencia. Arriesgaron, por ejemplo, su patrimonio: la pareja arrendó a título personal el campo de Algirós porque los Miquel, propietarios del solar, se negaron a alquilarlo a la sociedad. Además, Medina prestó al club las famosas veinticinco mil pesetas destinadas a su boda (con el consiguiente digusto de su familia y su prometida Jacobita Zapater) con el objetivo de acondicionar el terreno de juego. También, según parece, nuestros hombres se jugaron el tipo en más de una ocasión. La leyenda nos cuenta historias de acreedores furiosos que obligaban a la pareja a esconderse en la naya del Bar Torino para evitar males mayores. Asimismo, afloró en campos y periódicos la tensión generada tras años de piques con el Gimnástico. Incluso en el seno del propio Valencia hubo desde casi el principio rivalidades (especialmente con la combativa Peña Tartana, la primera oposición que tuvo una directiva del club) que hicieron que Milego y Medina amagaran con dimitir en un par de ocasiones.

Es interesante remarcar que, al mismo tiempo que dirigieron el Valencia, Milego y Medina se mantuvieron activos en otros campos: el arbitraje (especialmente en el caso de Milego, fundador y presidente del Colegio de Árbitros valenciano) y el periodismo deportivo (en el de Medina, cronista de La Correspondencia de Valencia). Todo ello sin descuidar sus carreras profesionales. En un alarde de genial hiperactividad desarrollada entre partidos, actas y arbitrajes Milego ganó la cátedra de la Escuela de Comercio que perseguía desde hacía tiempo. Pero todo tiene un fin. En 1921 Milego y Medina dimitieron irrevocablemente, seguramente hartos de que su contribución al club no fuera suficientemente valorada, y dieron paso a la oposición, encabezada por Alfredo Aygües. Con todo, su concurso en el Valencia no acabó ahí. Medina fue directivo con Luis Casanova y fundó la conocida Peña Deportiva Valencianista antes de fallecer en 1958. Por su parte, Milego volvió a la primera línea de la mano de Ros Casares, en cuya junta fue vicepresidente durante los setenta. Su muerte en 1982 le privó de ver el descenso del Valencia, su Valencia, a la Segunda División.

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