Una hipocresía absoluta

Ribó y compañía han asumido los mismos vicios que criticaban a los de antes

IGNACIO GIL LÁZARO

El alcalde Ribó continúa regalando dinero municipal a sus amigos. Un descaro abusivo. Sin embargo, esta vez se ha superado a sí mismo. Doblete conseguido. Por una parte le ha dado otra nueva inyección económica a Escola, que es catalanismo independentista. Fondo que al parecer en esta ocasión sirve también para que una dirigente de Compromís cobre su nómina. Al bolsillo de la afortunada irán ocho mil euros abonados a cuenta del contribuyente. Además, el colmo consiste en leer como «fuentes municipales» pretenden descalificar la denuncia de Fernando Giner aduciendo que surge «porque a Ciudadanos no le gusta el bilingüismo». Una desfachatez inmensa. El pueril truco de siempre. Armar ruido genérico cuando a estos se le coge con las manos en la masa. La técnica de Mónica Oltra. Ardid arrogante que supone un desprecio directo a la inteligencia del resto. Eso sí, necedad tan reiterada ya a nadie engaña. Por el contrario, los hechos son obvios. En algo más de dos años Ribó y compañía han asumido los mismos vicios que criticaban a los de antes. Una hipocresía absoluta que retrata la nula coherencia ética de personajes tan endebles y lo falso de su tono moralino. Dedazos, enchufismo, fraccionamiento de contratos, ordeno y mando, subvenciones a capricho, oscurantismo en la gestión, ausencia completa de diálogo con quienes no consideran afines y desde luego un agudo sectarismo radical que impregna su sesera creyéndose legitimados para hacer cuanto les venga en gana. Un completo desvarío que impide el adecuado despegue de Valencia en todos los órdenes. Es lo que hay. Han logrado que el espacio urbano sea un auténtico desastre. Colapso circulatorio, suciedad, caos en el transporte público, alumbrado insuficiente, obras sin planificación de conjunto y una falta manifiesta de eficacia para resolver con agilidad los problemas cotidianos de la gente. Se ha comprobado durante estas Fallas. La ciudad, convertida en expositor anárquico de tinglados y tenderetes de índole diversa. Sacudida por los malos olores. Harta de basura. Trastocada en escenario de un creciente macrobotellón invasivo. Mientras, el alcalde impasible frente al perjuicio ocasionado a vecinos, a visitantes, a hosteleros, a comerciantes, a la magnífica realidad de la fiesta fallera y a la imagen misma de Valencia. Encima, por último, Ribó y Fuset rematan la faena viendo si consiguen abrir una polémica de fechas entre las Fallas y el mundo vicentino. Propuesta tramposa porque en el fondo sugiere más bien que ambos intentan como siempre devaluar el significado de una festividad religiosa que es lo que impera de suyo en Compromís y aledaños. En síntesis, pues, que no nos vengan con cuentos. Las cosas como son. Ribó constituye una rémora para el futuro de Valencia. Su incapacidad para gobernar, entender, respetar y unir a la sociedad valenciana es evidente. Tocará jubilarle en las urnas. Ojalá que al fin así sea.

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