Hermano ratoncillo, hermana lechuza

Vicente Lladró
VICENTE LLADRÓValencia

La sabana reseca aguarda a que llegue la lluvia puntual que hará germinar billones de semillas de hierba. Los leves ratoncillos, como tantos herbívoros agazapados, esperan la explosión de verde comida para salir de su refugio invernal y empezar a criar. El documental nos muestra bellas imágenes en las que el ratoncillo de la sabana -nada que ver con una sucia rata arbellonera- ya come tiernos tallos y a continuación flores y semillas. Pero el peligro acecha. La leona conduce a sus leoncitos y leoncitas en busca de alimento. Son carnívoros, les vendría bien un banquete de lo que fuera. Indagan entre la hierba si pulula algún roedor despistado. Unos y otros aguzan el oído. La cámara enfoca al ratoncillo asustado y luego a las crías hambrientas de la leona. ¿Por quién te decantas? El simpático ratoncillo logra zafarse y alcanza su madriguera. Menos mal, porque le esperaban sus crías, recién nacidas, a las que amamanta. Era ratoncilla y por hoy ha quedado a salvo con los suyos.

Mamá leona prosigue la búsqueda de algún manjar. Una manada de búfalos está cruzando la zona pantanosa hacia los grandes pastizales de hierba fresca. La leona se abalanza sobre un ejemplar que se ha entretenido; sus cachorros hacen lo que pueden entre las patas. Pobre búfalo, no puede hacer fuerza con sus pezuñas, que resbalan por el fango. Pero también pobres leoncitos, y leoncitas, que llevan horas sin echarse nada a la boca. ¿De parte de quién te pones?

Otro hermano ratoncillo anda por lo alto de las matas floridas del herbazal, tan confiado, mientras una hermosa lechuza lo avista y se dirige hacia él como un avión de caza. A ver qué pasa. No querrás que acabe sucumbiendo el pequeño roedor, tampoco que la hermana lechuza pase hambre. ¿Qué hacemos?

El documental cambia de escenario, pero en la misma línea de avivar sentimientos de buenismo. Porque no queremos que sucumba ningún bicho, que vivan todos a la vez.

Los bisontes de la gran llanura norteamericana se han quedado sin comida porque una capa de casi un metro de nieve ha cubierto la pradera. Papá bisonte intenta abrir una zanja a cabezadas entre la nevada. El bisontito ni habrá desayunado, quizá tenga frío. Cerca de ellos, un zorro se enfrenta a lo mismo, pero en este caso busca algún pequeño roedor que ande por debajo de la nieve, alimentándose cómodamente con lo que quede por allí. Presta atención, da un salto tremendo, se clava en perpendicular entre el manto blanco y sale con un bicho entre sus dientes. Pobrecito. Pero al menos se salva el zorro. También el bisontito, porque papá ha logrado hacer un amplio hoyo y ambos comen restos de hierba mustia. Han superado otra jornada.

Sufres y te quedas sin saber qué hacer, aquí, tan calentito en el sofá, mientras tantos animalitos sufren. O sí, tus mascotas aguardan tus caricias. Te miran con cara que te parece de lástima, como la del ratoncillo, o la de la leoncita. Córcholis. Esta tarde os compro cosas buenas, como esos platos preparados que anuncian, con gambitas y todo. Y así quedamos del lado más bueno y ahuyentamos los traumas.

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