La herencia de Peter Lim

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Anil Murthy insistió ayer en su torpeza. Compareció por primera vez ante la junta de accionista para hablar de su libro. Como un Umbral de turno. Y su historia no es otra que contar las bondades de Peter Lim, su jefe, el que le paga a fin de cuentas. En un discurso de poco más de un cuarto de hora, alejado de las pautas que tienen que liberar al Valencia de su exagerada deuda y recortando al morlaco del nuevo Mestalla, se dedicó a alabar al magnate de Singapur sin una pizca de autocrítica. Murthy ha elegido un mal camino. El mismo que en su día tomó su antecesora, Layhoon Chan. La soberbia nunca es la mejor compañera en este tipo de viajes.

El aficionado quiere saber cuándo se va a terminar el nuevo Mestalla más allá de palabras y plazos difusos para ganar tiempo. La prioridad y la obligación de Lim no era terminar el campo. Ya lo contó este periódico en julio de 2014, antes de que se cerrara la venta. La verdad dolió tanto en aquel momento que algunos metieron un marcha más a la manipulación del proceso de venta para que siguiera su curso. Y ya entonces Porxinos era un problema. Al igual que la multa de la Unión Europea. Lim cargó conscientemente con la consecuencia de aquellas contingencias, por lo que no debe buscar excusas ahora para el fracaso de su emborronado plan de negocio. Lim compró. Ahora que no se resguarde en la herencia anterior cuando su gestión ni ha mejorado los ingresos ni ha cumplido con los hitos marcados. El Valencia carga cada ejercicio con más pérdidas millonarias. Y más allá del sentimiento y del dinero de Meriton, la afición se marchó ayer de la junta sin saber cómo se van a pagar los créditos, cómo se va a construir de verdad el nuevo Mestalla y cómo se va a engordar el capítulo de ingresos. Hoy, el Villarreal, con 50.000 habitantes, tiene 25 millones de euros más de presupuesto que el Valencia. No es una comparativa, es sólo un dato tan frío como real. Murthy antepuso ayer el dinero al sentimiento. Grave error. Meriton tiene el reto de que su herencia no sea peor que la recibida.

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