LA BARRA DEL BAR

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

El periódico todavía tiene su refugio en los bares. Parte del futuro del papel está ahí, entre quintos y tapas. Si yo tuviera un bar compraría muchos periódicos distintos. La inversión es segura y se multiplican los beneficios. Desde hace tiempo hay gente que va al bar a desayunar y a leer la prensa. He visto a clientes alargar su café con leche para enganchar el periódico ocupado. Y otros ha pedido una cerveza más para no dejar de irse a casa bien informado. La barra del bar, como casi siempre, es periodismo puro. Primero, para conocer noticias de primera mano bien del pueblo o del barrio. Luego está la labor del periodista de desbrozar la versión para ver cuánto hay de verdad en las palabras del presunto testigo de turno. La teoría del teléfono roto alcanza su máxima expresión en los barras, donde todo el mundo sabe qué ha pasado aunque sea de oídas. Además de como fuente de información, los bares y sus clientes sirven también para calibrar cuanto daño hacen las redes sociales y las noticias no contrastadas. Chiva, mi pueblo, ha vivido está semana bajo la psicosis de un posible pederasta secuestrador de niños. En pocas horas recibí versiones distintas por tierra, mar y aire. Al día siguiente acudí al bar, como casi siempre, con el gusanillo de conocer las teorías de la mañana después. Los clientes y clientas habituales teorizaban sobre el suceso y se agarraban a la versión falsa de que el intento de secuestro era en realidad una disputa matrimonial. Todo según el jefe de Protección Civil de Chiva y de la Policía Local de Buñol, que se metió vía Facebook en un asunto que no le competía. Agarré LAS PROVINCIAS, me metí en el corrillo sin permiso y dije: «Aquí tenéis la información real y contrastada. Hay denuncia por un presunto intento de secuestro». El alcalde de Chiva, como no podía ser de otra manera, ratificó la versión del diario mientras se tomaba unas tostadas con tomate en la misma barra. El fútbol, sobre todo en época de fichajes, multiplica por mil los rumores y convierte en verdad absoluta cualquier indicio de casi nada. No hay aperitivo que se precie sin balompié. Aquella mañana todavía viví algún ejemplo más de lección periodística basada en una lectura poco profunda de las informaciones. «El Valencia ha fichado a Guedes», me dijo un aficionado. «Bueno...», le contesté. «Buah, te lo digo yo. Por 40 millones. Está fichado», insistió con arrogancia. Y siguió a lo suyo, feliz en el error. Como escribía Fernando Gómez Colomer, lo peor del luso es que juega demasiado bien y engorda su precio para satisfacción de Mendes. Mientras multiplica su valor, en los bares muchos juegan a ser propietario y entrenador. La pausa es una de las claves para dar siempre la mejor información y Guedes, ahora mismo, es un deseo más que una posibilidad.

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