Hazañas bélicas

MIQUEL NADAL

El tema se presta a las batallitas personales. Mi casa no fue solar de nobles soldaditos de plomo. Me tuve que conformar con los sobres de soldaditos y armas de plástico de Monta Plex, y a jugar en la galería imaginando batallas entre la artillería americana y los soldados alemanes en Monte Cassino. La lectura de Hazañas Bélicas y sus dibujos a tinta, me acostumbró a las onomatopeyas del tableteo de las ametralladoras con el ra-ta-ta-ta posterior al grito de Banzai de los soldados japoneses o el Achtung de las tropas alemanas. Soy un claro ejemplo de que los juegos y las lecturas no condicionan la visión del mundo. No hay película ni serie de guerra que no vea, soy un modesto especialista en películas de submarinos, y podría recitar decenas de batallas desde Julio César a Napoleón, desde Tobruk, pasando por la línea Maginot o las Ardenas. Todo ello nada tiene que ver con la biografía. Jamás subiré a un submarino, y yo mismo fui un rotundo solicitante de prórrogas durante la carrera que encadené con una objeción de conciencia instrumental de evitación de un año fuera de casa. Después de los vetos a la presencia militar en eventos navideños sorprende la polémica aquí con la iniciativa de Macron en torno al servicio militar. Convendremos todos que Francia no es, precisamente, un Estado del Tercer Mundo, ni una sociedad que tome sus decisiones a la ligera. Mientras aquí, inocentes recién venidos a la democracia y a las libertades queremos despejar las incógnitas de la seguridad con lazos blancos y flores en las rotondas, Emmanuel Macron se presentó a las presidenciales con una propuesta de instauración de un servicio nacional universal obligatorio de corta duración, un mes para todos los jóvenes entre los 18 y los 21 años, reinstaurando el servicio militar de un año suprimido en 1997 por Jacques Chirac. Pero no fue solo Macron el que se pronunció en ese sentido. Y no solo Marine Le Pen. El propio Jean Luc Mélenchon, el de la Francia insumisa llevaba en su programa un Servicio Nacional, un Servicio ciudadano obligatorio mixto, para los menores de 25 años de 9 meses, con formación militar, remunerado con el salario mínimo, y vinculado a tareas de interés general. La propuesta que actualmente se debate en sede parlamentaria podría dirigirse a una materia encuadrada en la Educación, para que los alumnos de entre 10 y 16 recibieran una semana al año de formación en temas de defensa y seguridad, memoria nacional, derechos y deberes, estancias en asociaciones con un pasaporte ciudadano final y acceso simplificado y a precio reducido del permiso de conducir. El debate en Francia es todo un síntoma y la postura de nuestra sociedad una caricatura, con toda la fraseología sentimental y azucarada de un pacifismo que no desarmaría una amenaza. En Francia los sondeos apuntan a un apoyo del 70% de los ciudadanos. Igual somos nosotros los que vamos en contra dirección.

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