HAGAN HUECO, SEÑORES

BURGUERA

Finalmente, Echávarri se pira. O se pirará. Deja el Ayuntamiento de Alicante. O lo dejará. En cualquier caso, si es necesario, habrá que buscarle hueco. Faltaría más. La política del PSPV es no dejarse a los heridos por el camino, no sea que resuciten. Todos recogidos, que es como debe de ser, oiga. Los partidos clásicos no están ahí porque les tocasen los escaños y los sillones en una tómbola. Se lo curran, miman a los suyos, respetan a los otros, evitan humillar al vencido (si es del partido, obvio) e incluso si el perdedor reconoce la jerarquía del nuevo capo, pues se le busca una ocupación que ahora mismo hace frío en cualquier época. Es lo que tiene el cambio climático, que no se sabe cuándo hará falta abrigo y este año en diciembre íbamos en manga corta y la 'cremà' fue una fábrica de resfriados. Por todo esto, el 'Hasta luego, Lucas' del próximo exalcalde alicantino oculta un futuro 'Ya estoy aquí, a la próxima invito yo'. Tras años de estrecheces en la oposición, el retorno al Consell ha supuesto un reverdecer de las amistades rotas en el socialismo valenciano. Hasta Romeu ha encontrado cobijo en esta generosa Generalitat tan necesitada de mentes preclaras. Está en FGV, aunque no diga ni esta boca es mía, pero está, y cada fin de mes: clin, clin.

Que nadie dude que Echávarri no quedará desamparado. Se ha resistido, sí, pero finalmente ha cedido a los tiempos marcados desde Blanquerías, así que habrá que hacer hueco. Cierto es que todavía es joven (nació en 1970), y no se sabe las canciones de los Panchos como para entrar en el venerable club del Palau de la Generalitat, edificio señorial que alberga a señores socialistas de rancio abolengo, hombres de chocolate, copa y puro hasta que el médico lo permita. Algo habrá por ahí, que nadie lo dude. Hasta el que fuera un archienemigo como Jorge Alarte tuvo en su momento una oportunidad, pues encabezó la lista al Senado por deseo expreso del presidente Puig. La pena fue que el PSPV no pescó más sillones en la Cámara Alta que el ya ocupado por Joan Lerma, que ese no precisaba de votos directos pues es senador territorial. Alarte tuvo que continuar con sus labores de abogacía, que además bien contento está entre el Ensanche (donde tiene el despacho) y la Ciudad de la Justicia. Sin embargo, los que no tienen esa alegría en su cuerpo siempre pueden acudir al Palau a preguntar por una mesa vacante. La recuperación económica y ese botánico empeño en satisfacer las necesidades de los valencianos a golpe de ampliación de la Administración Pública hacen el resto. Y quien desespere, no tiene más que ver las instalaciones de la Agencia Valenciana de la Innovación, un espacio en la plaza del Ayuntamiento de la capital del Turia repleto de sillas vacías que están diciéndo siéntate aquí y vive la vida.

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