HABLEMOS

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Emerge una especie de movimiento que hasta hace dos telediarios mantenía sus labios sellados y ahora apuesta por lo de hablar. Hablemos. ¿Y de qué hablamos? Pues no sé, hablemos. Mientras la hegemonía de las banderas independentistas flameaba inflada como el buche de un sapo en celo, la verdad es que esto de hablar, con ellos mayormente para serenarles siquiera un poco, no se les ocurrió.

La gente de 'hablemos' ha recuperado el don de la palabra justo cuando la situación bascula hacia el lado español, lo cual no deja de ser curioso. Cuando quemaban banderas españolas se mostraban mudos, cuando le pitaban al Rey en las finales futboleras nunca rompieron su silencio, cuando perseguían en tierra hostil todo aquello que oliese a España tampoco les traspasó un rayo de luz para desenfundar su lengua. Ahora sí. Ahora irrumpen parlanchines y nos sermonean algo angelicales y beatos sobre la maravilloso ocasión que brota desde el caliente asfalto para que hablemos. Blablabla. Hablemos. Visten de blanco para expresar una inocencia que, sin embargo, perdieron ante su espesa afonía cuando atropellaban al prójimo que osaba disentir con la situación predominante. Con el color blanco, además, indican que no creen en banderas. La bandera blanca como símbolo de neutralidad. O de rendición, claro. Hablemos. De nuevo me siento perplejo. Renuncian a las banderas justo cuando el personal, harto, ha erradicado sus complejos y sale a la calle con la bandera española. Mientras circulaban otras banderas, como la republicana, jamás les escuchamos una ligera queja. Entonces no hablaban. ¿Y de qué hablamos? Porque no se trata de charlar en plan fogata de campamento, sino de recuperar la legalidad arrebatada, ni más ni menos. Cuando en la pareja uno dice eso de 'hablemos' es que la ruptura está consumada. Hablemos. Uf.

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