DE CÓMO HABLAR EN PÚBLICO

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

En los tiempos de los memes, las ocurrencias en 140 caracteres, los vídeos graciosos y los que no lo son tanto, las frases supuestamente geniales y el primado de la imagen sobre la palabra, es todo un lujo poder asistir a una conferencia de un político que durante una hora explica y analiza pormenorizadamente una cuestión, sin leer su intervención, apenas consultando unas notas y haciendo una auténtica exhibición de memoria de números, fechas y localizaciones de proyectos. Hablo de la participación del ministro Íñigo de la Serna en el Foro LAS PROVINCIAS, patrocinado por el Banco Santander. Contra la tontuna generalizada de una sociedad que se aburre, se dispersa y pierde la atención si tiene que atender a alguien que hable durante más de diez minutos, y frente al primado del 'power point', que muchas veces (no digo siempre) no sirve tanto para añadir y aclarar como para tapar las carencias del conferenciante, el titular de Fomento habló por espacio de casi 60 minutos, más la posterior contestación a las preguntas de los asistentes al Foro, sin recurrir a ninguna pantalla, logrando concitar el interés de los más de 200 invitados al acto. No estaba hablando de su tierra, de Cantabria, de una zona que conoce bien, sino de los proyectos de infraestructuras viarias, ferroviarias y aeroportuarias que dependen de su departamento en la Comunitat Valenciana. Y desgranó uno a uno todas las intervenciones que están en marcha o en fase de estudio, con plazos y presupuestos, poniéndose el mono de faena y manchándose las manos de grasa cuando era necesario, como cuando explicó lo difícil que resulta entender la sobrevenida oposición del Ayuntamiento de Valencia a la ampliación de la V-21, a los diez años de iniciarse la tramitación de la obra... No se dedicó a soltar la típica retahíla de lugares comunes, de anuncios sin base que los sostengan y críticas de cara a la galería sino que se esforzó por bajar al detalle, por entrar en materia, por demostrar que sabe de lo que habla. Y dejó en evidencia a la legión de políticos, de uno y otro signo, que tienen que leer de cabo a rabo cualquier intervención, el mínimo discurso que pronuncian, que son incapaces de improvisar, que no saben salirse de un guión. No por edad -tiene 46 años-, sí por formación -es ingeniero de caminos, por lo que las infraestructuras es su tema-, pero es evidente que De la Serna impartió ayer una lección de cómo hablar en público al estilo llamémosle clásico, sin añadidos innecesarios, sin adornos, palabra pura y dura, con algún toque de ironía pero siempre con elegancia. De vez en cuando, entre tanto ruido, entre el aluvión de declaraciones huecas, ruedas de prensa sin preguntas (un absurdo) y mensajes sin sustancia, te encuentras una sorpresa como la de ayer.

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