La guinda sería traernos a la Ford

Sala de máquinas

Valencia debería saber jugar su baza. Presentarse como un socio de referencia con fortalezas para aportar recursos e inclinar la balanza

Julián Quirós
JULIÁN QUIRÓS

Publicado en la edición impresa del 15 de octubre de 2017.

El efecto capital existe, sin duda. Madrid centrifuga para sí la industria nacional; lo atrapa todo con voracidad y poca diplomacia. Es una succionadora de las economías regionales, un fenómeno europeo y global y en el caso de España intensificado por la drástica mejora de las comunicaciones, una crisis virulenta y hasta por sus potenciales víctimas. Conversación atrapada al vuelo hace un par de años en un vagón del AVE Atocha-Joaquín Sorolla de las 17,40 horas: «¿ha ido bien, eh?, esto la verdad es que está muy bien, coges el tren y quedas con el cliente en un restaurante de esos donde ves a todo el mundo... como Dios... porque en Valencia no es lo mismo y en un rato, ale, de vuelta a casa». Contentos volvían los dos principales ejecutivos de una de las grandes enseñas valencianas, acostumbrados por lo demás a compartir retrato con otros empresarios en audaces golpes de pecho por la valencianía y para reivindicar derechos en forma de inversiones públicas en hierro y cemento. Poco que criticar. Así funciona ahora el mundo. El AVE nos trae turistas y a cambio se está llevando despachos y negocios. Aquí y en otras plazas. Todo va muy rápido y quizás no resulte un buen trato, pero es lo que hay y habrá que procurar que nos salgan las cuentas porque no está en nuestras manos rechazar el signo de los tiempos. Pasó la época en que Valencia podía ser como una economía española en pequeñito, a su escala, con un poquito de todo: una España en miniatura. Ya no. Afortunadamente, no vamos mancos. Valencia es uno de los tres o cuatro lugares relevantes de la economía nacional: Madrid de Segovia a Ciudad Real lo mancha todo con su efecto capital, Cataluña tiene (o tenía) carácter de alternativa con sello propio, País Vasco es muy potente pero dimensionalmente pequeño y en parte encerrado, el turismo sí abarca el conjunto del territorio nacional (fabulosamente boyante en las islas y el litoral andaluz); luego un enorme desierto salpicado de oasis aquí y allá.

Señor García

Y está la Comunidad Valenciana: líder en actividad logística y portuaria, en distribución y gran consumo, agroalimentación, automoción, turismo hotelero y residencial, media docena de sectores industriales punteros y ahora de nuevo con un sector financiero arraigado gracias a un golpe de fortuna. Conviene pues que nos vayan dando el alta médica de aquella depresión colectiva que nos embargó de súbito tras el final de los grandes eventos peperos, el derrumbe del modelo presupuestario de la administración, la muerte por sobredosis de CAM, Bancaja y Banco de Valencia y la peste endémica que aniquiló cientos de empresas. Ya pasó. Al carajo con tanto luto. El cuadro actual de fuerzas es bien potente, como para tener oportunidades y algo que decir. Aparte de Bankia por cuna, Sabadell y Caixa acaban de abrir sede en la Comunitat. Caramba con aquel eslogan tan difundido por los poderes valencianos según el cual en Cataluña no iba a pasar nada de nada. Quinientas grandes empresas han escapado de allí en diez días, el equivalente en cotización bursátil al 40% del PIB autonómico. Lo primero que ha pasado, paradójicamente, es que el independentismo ha reforzado económicamente a Madrid. El acabose. Y de paso a Valencia, si bien por descarte, para no dar lugar al escándalo de trasladarse a la capital del ‘España nos roba’. Las relaciones peligrosas de políticos y empresarios en Cataluña las explicaba uno de sus protagonistas en un coqueto restaurante cerca de Mestalla: «sabes, lo de allí es como la fábula de la jaula y el canario; al político le gusta cómo canta un canario, el canario somos nosotros, y nos coge y nos mete en una jaula, puede hacerlo de muchas maneras... el canario claro en ese momento deja de cantar, está en una jaula, entonces el político se aburre de él y empieza a mirar por ahí otros canarios que cantan... ¿conclusión?, no hay que dejar que te metan en la jaula».

La guinda a este golpe de suerte, que por cierto ojalá no hubiera sido necesario, el remate a la llegada imprevista de Sabadell, Caixa, Mediolanum, MRW o Cola Cao, sería que la Ford trasladase su domicilio social y fiscal a la Comunitat. El sueño secreto de Ximo Puig. Sería un chute de autoestima definitivo, fabuloso, aparte de un aporte considerable a las arcas públicas mediante la recaudación del IVA. Casi con toda seguridad, es un sueño imposible. Por la misma razón que Sabadell y Caixa acabaron aquí. Cuéntale a un americano de Detroit lo que está pasando en Cataluña como para convencerle acto seguido de que su filial española abandone la esfera de influencia del gobierno central para ponerse en manos de una administración periférica.

Pero con todo este arsenal, Valencia debería saber jugar su baza. Construirse un perfil que pasa por liderar el espacio mediterráneo, puesto que Cataluña va a quedar inhabilitada para ejercer tal función. Representar una identidad singular dentro de España, un papel cooperador lejos de la antiespaña o el antimadrid, que no pasa desde luego por copiar al corrupto pujolismo que tanto complejo de inferioridad disfrazado de admiración generó en la Comunitat. Tampoco pasa por el recurso menor al victimismo y al lloriqueo, hoy practicado en tooodas las autonomías. Pasa por presentarse como un socio, un socio de referencia con fuerza propia y fortalezas para aportar recursos e inclinar la balanza. Pasa por tener una voz necesaria para completar el cuadro español, por manejar algunos hilos, no por cortar esos hilos.

Y una pregunta: ¿Valencia y Cataluña serán en realidad aliados o competidores? Pues las dos cosas. Aliados para el corredor mediterráneo porque la colaboración suma. Adversarios clarísimos en el marco portuario. Algo se debería inventar con los tres grandes bancos y el efecto arrastre que producirán; aparte de preguntar al conseller Vicent Soler por la insistencia en llamar banco público al IVF de Illueca (será por bancos) y por los dudosos resultados de tanto pozo sin fondo en forma de institutos tecnológicos y asimilados. Todo eso concierne al empresariado; no es incompatible apoyar al poder político en asuntos de interés general y defender con vigor los principios que están poniéndose en cuestión por una amalgama de cargos públicos donde unos beben de ERC, otros de Podemos y algunos incluso de la CUP, porque a eso y no otra cosa se asemeja la mixtura de Compromís. Es un aviso a navegantes. O repárese si no en el esfuerzo que ha costado frenar la ley de envases que tanto perjudicaba a las cadenas de distribución (Mercadona y Consum), lástima que se haya echado en falta ese calor para las otras empresas hostigadas en diversos frentes por los cargos más radicales del bitripartito; sanidad, educación, agua, saneamiento, etc. Conviene recordar lo de la fábula y Cataluña: para que el canario no deje de cantar, lo mejor es que no te metan en la jaula.

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