¡GUAUUU! Y ¡MIAAUUU!

ANTONIO VERGARA

Mi agradecimiento al inspector 'Gadget' por suministrarme el material informativo para este artículo.

Carasa, una localidad de Cantabria -antes Santander o La Montaña- tiene una alcaldesa pedánea que se llama Sheila Pérez. En agosto presidió la 540 edición de 'La Gata Negra', fiesta de interés turístico regional, pese a las críticas de los colectivos animales / animalistas.

La festividad es de un candor que enternece. Consiste en liberar a 'Negra', una gata trasladada en un transportín. Si cuando sale se encamina hacia la mies es un augurio de fertilidad en los campos y excelentes cosechas.

Por el contrario, si se dirige a un pub es porque necesita un 'gin tonic' o sexo escabroso como en el filme 'La gata negra' (1962). ¿Habrá gatas lesbianas igual que en esta película? Guapísimas Jane Fonda, Capucine y Anne Baxter.

La plataforma Acción para el Respeto Animal (ARA) recogió firmas (145.000 pirados / piradas) a fin de que la gata fuera sustituida por un gato de peluche. La demencia animalista obligó a que dos agentes de la Guardia Civil (Seprona) comprobaran que tanto la gata como el poni que tiraba del carro llevaban su chip y su cartilla sanitaria.

Cuando finalizó el simpático ritual, don Jesús María Castillo, veterinario colegiado con el número 1.124, auscultó al felino y emitió in situ un parte de alta que fue remitido a la Consejería de Sanidad junto con una analítica completa y una toma de tensión. 5 de mínima y 11'5 de máxima, la tensión de una gata en vacaciones.

Hasta 2017, el pequeño transportín era arrastrado por un burro, de nombre Marcelino. Pero los locoides sostienen que Marcelino se estresaba mucho. Las autoridades, siempre políticamente correctas y cagonas, engancharon un poni. Al grito popular de 'Viva la Gata Negra', terminó este acto criminal.

Otro gravísimo hecho aconteció en Albacete el pasado mes de septiembre. La Asociación Vecinal Perretes podría desaparecer porque carece de las ayudas públicas necesarias y de una mayor implicación social.

La A.V.Perretes (y Perretas, digo yo) cuenta con el apoyo de más de 2.000 personas animales. Una de sus actividades más entrañables es el denominado 'Piscican'.

Se trata de una ideal genial, solidaria, que da visibilidad a los perros y las perras y que es sostenible (con más dinero). Su tercer 'Piscican' obtuvo un éxito absoluto, tanto de público como de perros y perras. Éstos, en compañía de sus dueños, tuvieron acceso a las piscinas municipales del Paseo de la Cuba.

Todos y todas jugaron con el agua y se lanzaron balones de plástico adquiridos en las tiendas de chinos. Un espacio perruno compartido con los vecinos, en una clara demostración de que los seres humanos y los perros pueden compatibilizar los terrenos caninos con las barrigas adiposas de muchos de sus dueños.

Lamentablemente -siempre hay un pero- tantos los unos como las otras (me refiero a los canes) no pudieron evitar el orinarse en las piscinas municipales (el agua, fresquita, aceleró esta necesidad) ni incluso pasar a la siguiente fase fisiológica: 'aguas mayores'.

No seré yo quien viaje hasta Albacete para tirarme desde un trampolín en una de estas piscinas. No obstante, hay que aplaudir a la Asociación Vecinal Perretes por sus campañas en pro de la recogida de los excrementos del mejor amigo del hombre. Hay quien sostiene que, 'a sensu contrario, 'el mejor amigo de perro es el hombre'.

Y de los gatos sostenibles, ¿qué? Noticia de última hora. Una colonia de gatos ha provocado una plaga de pulgas en el colegio José Antonio Labordeta de Zaragoza. Con esto no contaba Labordeta: 'Polvo, niebla, viento y sol / Esta tierra es Aragón', cantó. Ahora tendría que añadir pulgas. Varios niños han sufrido numerosas picaduras de los insectos refugiados en una colonia de 40 gatos que habitan en un solar próximo. El ayuntamiento, controlado por la extrema izquierda, negocia con la asociación de padres si aceptaría una colonia controlada desde el gobierno municipal. ¡Miaauu!

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