LOS GUARDIANES

NACH0 COTINO

No hace mucho tiempo que el entorno valencianista clamaba al cielo ante la necesidad de dotar al club de una estructura deportiva de la que carecía por completo. Se empezaba a recoger la cosecha podrida de una política caótica en virtud de la cual Peter Lim hacía y deshacía como si supiese de esto, con el único asesoramiento de un agente que, obviamente, miraba por sus intereses y no por los del Valencia, acometiendo operaciones delirantes que han terminado lastrando el rendimiento deportivo del equipo y la deriva económica de la entidad por tiempo indeterminado. Cabe recordar que, cuando la situación se tornó insostenible, se contrató a García Pitarch, y el nombramiento del valenciano fue acogido con la esperanza de encontrar en él un guardián de los intereses del club, pero el devenir de los acontecimientos demostró que Pitarch tenía otras aspiraciones bien distintas. Eligió el papel de 'paragüero' de Layhoon esperando convertirse en director general o quizá en delfín de una presidenta que llevaba la fecha de caducidad grabada en la frente. Tanto tiempo invirtió Suso en tal propósito que no prestó atención, o no quiso prestarla, a lo que el valencianismo esperaba de él. Y en lo relativo a la cuestión deportiva -en la que el Valencia se desangraba- sacó pecho cuando pudo para tapar las vergüenzas de quien le pagaba pero seguía, como sus predecesores, esclavizado a los caprichos del amo y los intereses del portugués. La llegada de Alesanco fue más de lo mismo porque llegó a Valencia de vuelta de casi todo y, cuando tenía que empezar a hacer como si trabajase, aterrizó en el club un director general, que es quien le ha terminado dando la vuelta a la entidad como a un calcetín. Alemany se encontró un director peportivo recién investido y tardó poco en comprobar que era blando como el día de la madre. El mallorquín se matrimonió con Marcelino y juntos emprendieron una aventura complicada en la faceta deportiva que, atendiendo al organigrama, le hubiera correspondido a Alesanco, pero a este, sin aspiraciones de trepar como su predecesor, la idea de percibir quinientos mil euros de salario mientras otros hacían el trabajo le parecía confortable, pese a su incidencia en la reconstrucción de la plantilla era absolutamente irrelevante. El simpático exfutbolista y extodo se enfadó cuando le 'enviaron el motorista', perder un chollo así debe de ser duro. Murthy, quien desde el primer momento se esforzó porque el 'consenso' fuese una realidad, ha tirado la toalla y ha esperado al cierre de mercado para intervenir al club de apendicitis extirpando un órgano que no servía para nada. Pero a diferencia del verano anterior, ahora sí hay alguien que vela por los intereses del club, el tándem que forman Marcelino y Alemany. Y funciona.

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