GREZZI ATASCA MESTALLA

GREZZI ATASCA MESTALLA
Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Algún aficionado que el pasado miércoles se acercó a Mestalla se volvió a casa harto de dar vueltas con el coche con el partido de Copa ante el Alavés ya empezado. Primero se tragó el monumental atasco y después la falta de espacio para aparcar. En los subterráneos colgaba el cartel de completo y en la superficie no había huecos. Ni en el Paseo de la Alameda había una oportunidad previo pago del impuesto revolucionario al gorrilla de turno. El horario de las siete de la tarde tampoco ayudó. Las marginales del cauce son un suplicio al volante. La derecha para ir al estadio. La izquierda, una vez terminado. Giuseppe Grezzi ha convertido la ciudad en una ratonera para los coches y en un paraíso ciclista. El problema es que los 50.000 espectadores que llenan Mestalla no pueden ir al campo en bicicleta. Ni la pueden meter en el estadio ni hay espacio para estacionarlas. La ordenación los días de fútbol es caótica y desconozco si el Consistorio ha elaborado o tiene en la carpeta un plan de emergencia efectivo si un día hubiera algún problema. Javier Tebas, presidente de LaLiga y madridista confeso, nunca se muestra acertado con el Valencia en la distribución de horarios. Las casualidades no existen. Alguno pensará que Grezzi es del Real Madrid por su ánimo de fastidiar a los animosos aficionados camino de Mestalla. Pero no, Grezzi es del Juventus, el equipo más odiado de Italia. El concejal pertenece a ese grupo de italianos que traicionan el escudo de cuna para vivir glorias de manera artificial. Grezzi es del sur, de Vico Equense, de Nápoles, pero su sentimiento futbolístico está en el norte, de 'bianconeri', al lado de un equipo que es extraño en Turín, que ama al Torino por encima de todas las cosas. Su amor por la Juve me lo confesó hace años en la barra del bar de Les Corts, donde se come bien, barato y subvencionado. Los amores de Grezzi por la Juve son los mismos que tenía Zaplana por el Real Madrid. El cartagenero poco cariño le tenía al 'Efesé' y se decidió por las glorias deportivas que campean por España. Todavía recuerdo al Bloc pegar carteles diciendo que Zaplana era del Madrid. No sé si la idea fue del actual director general de Deportes, Josep Miquel Moya, tan nacionalista como merengón. «Tuve antes conciencia futbolística que política», se defiende. Alberto Fabra decía que era del Castellón pero lucía bufanda blanca también. Y Ximo Puig, que es socialista, canta por Lluís Llach y tiene un perro que se llama Pancho, es del Real Madrid como Roncero aunque ahora toque disimular. Paco Camps era tan valencianista que por amor el equipo acabó en manos de un singapurés. Ten aficionados para esto. Al final, Mónica Oltra tendrá razón en eso de que no hay que mezclar fútbol y política para cobrarle los 23 millones de la multa de Bruselas al Valencia porque el dinero es de los valencianos.

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