La gran chapuza

J. SÁNCHEZ HERRADOR

Conforme más se sabe de los atentados de Barcelona la sensación de chapuza generalizada es cada vez mayor. Es una chapuza que unos jóvenes islamistas radicales vivan en una casa ocupada y que a nadie le llame la atención. Es una chapuza que en esa casa se produzca una fuerte explosión y que los Mossos descarten la hipótesis del terrorismo. Es una chapuza que la juez de instrucción insinúe la posible preparación de un atentado y sean los Mossos quienes la contradigan. Es una chapuza que un imán con antecedentes penales y vínculos con el yihadismo no sea investigado por los Servicios de Inteligencia. Es una chapuza que no se aplique con más rigor la ley de Extranjería. Es una chapuza que las advertencias de la CIA y de las autoridades belgas fueran ignoradas repetidamente. Es una chapuza que estemos en alerta 4 antiterrorista y que en la segunda capital de España y en una calle como Las Ramblas no hubiera ninguna protección. Es una chapuza que el terrorista de la furgoneta recorriera seiscientos metros sin respuesta de las Fuerzas de Seguridad, que lograra escapar de la escena del crimen, que robara un coche, asesinara a otra persona y volviera a eludir los controles policiales. Es una chapuza la falsa unidad contra el terrorismo que nos quieren vender. Es una chapuza y una vergüenza que el conseller de Interior del Govern distinguiera entre víctimas catalanas y españolas. Es una chapuza y una vergüenza la disputa entre los Cuerpos de Seguridad del Estado. Es una chapuza y una vergüenza la pitada al Rey y la exhibición de banderas independentistas. Menos mal que los terroristas eran unos descerebrados sin preparación, unos chapuceros que aun así provocaron la muerte y el terror. Ese es su éxito, han demostrado la gran chapuza y nuestra desunión.

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