AL GRADUADO, ¿SE LE DEBE O NOS DEBE?

AL GRADUADO, ¿SE LE DEBE O NOS DEBE?

Leí en una falla de esas experimentales -que son de denuncia como todas pero con más cabreo y menos humor- el siguiente cartel: «22 anys, acabat de graduar en belles arts. Quin és el futur que se li ofereix?» Me fui con mal cuerpo de la falla; algo debíamos a ese joven... y uno de fiesta. Son los tiempos de ahora, pues así en breve la pregunta real exige algún pequeño cambio: «¿Qué nos ofrecerá en el futuro ese joven?» Tras 100.000 euros de inversión pública, después de haberle dado la libertad de elegir según su vocación, se hace indigestible que ese millenial con ganas de comerse el mundo diga que algo más se le debe.

Pero sí. Si dejamos al joven y pasamos a la juventud, es decir, no a los individuos sino a una perspectiva social, la pregunta es pertinente, pues forma parte del debate colectivo pensar en qué futuro le ofrecemos a los jóvenes. Y aquí cabe una precisión, que en ocasiones he escuchado al secretario autonómico de Educación, Miguel Soler: mejorar la Educación acompaña al tejido productivo, claro, si éste mejora. Si falta empleo no es cosa de la escuela.

El problema es cuando se ponen sobre la mesa estas cuestiones y hasta dónde es pertinente casar las vocaciones con la empleabilidad. Un tema ahora recurrente. Hay una perspectiva que aboga por que cambie el mundo y que el hombre se 'emancipe' y quizás tengan razón cuando los robots a todos nos sustituyan y su productividad financie nuestra despreocupación.

Situemos el punto óptimo en el equilibrio entre la libertad de elección de los individuos y el dirigismo administrativo. De hecho, es lo común. La oferta se diseña no sólo desde el puro utilitarismo, sino también desde la tradición y el humanismo. A esa oferta, además, se añade el libre mercado que da satisfacción a la sobredemanda de algunas ramas de conocimiento. Y no digamos ya las modas televisivas, con el impacto que tuvo en las aulas la serie Periodistas o programas como Masterchef.

La libertad es cara, pues por lo común tales elecciones se sufragan con el dinero de todos, aunque curiosamente lo que más indigna es cuando se lo paga uno mismo. Por eso, genera ineficiencias de recursos que la Administración intenta corregir, al menos, en títulos habilitantes. De ahí parten siempre los anuncios de los mapas de titulaciones, que pretenden elaborar la oferta según la demanda laboral o, mejor aún, según las perspectivas futuras. Ésta es siempre la intención política, pero no es fácil.

Pongamos un par de ejemplos. Se anunció la optimización de los estudios de Magisterio en la Comunitat Valenciana, pues entre públicas y privadas, presenciales y virtuales, la falta de oposiciones en esta crisis (hasta ahora) y el tapón de los interinos, el sistema tiene difícil asumir tanto futuro graduado. Otro ejemplo: el Mapa de la FP, un reto que requiere ir sector por sector, comarca por comarca, con ciclos formativos con mucho empleo y escasos alumnos y otros con todo lo contrario. Un mapa que no basta con acertar con lo que hay, sino con lo que está por venir.

¿Qué podemos ofrecer a nuestros jóvenes titulados? Las preguntas del sistema educativo son siempre previas, pues es el que proporciona titulados a la sociedad, dando uso a la inversión que ésta le presupuesta. ¿Qué titulados, por tanto, podemos ofrecer a la sociedad? Esta pregunta, que siempre se entiende desde la perspectiva económica, es la que debemos responder. Por resumir mucho y hablar en blanco y negro, la izquierda dirá que críticos, la derecha que competentes. Unos dirán que los otros los quieren adoctrinados; mano de obra barata dirán los otros de los unos.

No falla nuestra escuela en dotar de titulados al mundo productivo. Al revés, en la formación académica de profesionales somos buenos porque al que ha finalizado un título le hemos hecho estudiar muchas cosas por lo difícil: codos contra suspensos. Nos cuesta más la excelencia. En los últimos tiempos, el reconocimiento de los excelentes se ve con mejores ojos en el ámbito educativo, pero todavía cuesta hablar de educar a excelentes. Parece que sólo hay excelente bueno si surge por generación espontánea. Por último, en cuanto al tamaño de población, aunque con demasiados abandonos y suspensos, nuestra tasa de graduados (FP y universitarios) es equivalente al resto de países.

No es en su capacidad de generar titulados donde nuestro sistema da problemas, sino en su facilidad en provocar no titulados.

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