Gracias por escribir (bien)

Mikel Labastida
MIKEL LABASTIDAValencia

El mundo reclama cifras y yo necesito letras. Será que estoy configurado de diferente manera, que alguien me haga el favor de mirar en los ajustes. El mundo, al parecer, precisa para funcionar un montón de profesiones relacionadas con lo técnico y casi ninguna con lo literario. Eso se desprende, al menos, de los resultados de un estudio reciente relacionado con el mercado laboral en el que se analizaban las principales ofertas de empleo publicadas a lo largo de 2017. El objetivo era obtener información sobre lo más demandando entre carreras profesionales y servir de orientación para estudiantes que están decidiendo qué hacer con sus vidas en el futuro. Lo de buscar «si tiene salida».

La principal conclusión del informe es que la de ingeniería informática sigue siendo la carrera más demandada. Y tras ellas se colocan la ingeniería industrial y la de telecomunicaciones, la gestión de empresas y el marketing. Las formaciones que tienen que ver con las palabras se hallan a la cola. Husmeen ustedes por los rincones, que algo encontrarán. No es novedad. El engranaje de nuestro día a día no requiere de profesionales que sepan usar adecuadamente las palabras. O eso me temo, a tenor de las oportunidades labores que se atisban en el horizonte. Los malabaristas de la palabra van a tener que demostrar su destreza en las colas del paro. Y es una lástima.

Yo voy a aprovechar sin embargo para agradecer a aquellos que las usan adecuadamente y son capaces de removernos, de reconfortarnos, de hacernos pensar, de ayudarnos a comprender. Voy a dar las gracias a los que escriben bien porque cumplen con la labor de aportar matices, de abrir debates, de generar sensaciones, de zanjar dudas. Y eso seguramente no computa en ninguna parte pero mejora casi todo. Estamos necesitados de palabras, de frases, de párrafos que formen explicaciones y argumentos. Gracias a los que opinan, a los que divulgan, a los que confiesan, a los que relatan. Porque mucho de lo que escriben sirve de guía para otros. Y todos echamos mano de vez en cuando a un manual que nos sirva de brújula o de colchón.

Tal vez esté mal que venga yo a aplaudir a los que juntan letras, teniendo en cuenta que ese precisamente es mi oficio. Pero no he venido a hablar de mí, aunque también os digo que ojalá yo haga sentir alguna vez a otras personas como me hacen sentir a mí los que escriben bien. Bien para mí, para mi mundo, para mis intereses, para mis inquietudes. Cada cual tiene sus firmas para lo suyo. Y yo suelo detenerme en los que se ocupan de las miradas periféricas. Esos me hacen comprender un poquito más la vida. Gracias. Gracias a David Trueba, a Cercas, a Jabois, a Rosa Belmonte, a Leila Guerriero, a Gómez Jurado, a Carmen Velasco, a Alberto Torres Blandina. Y cito a estos (hay muchos otros) porque son los que más recientemente me han ayudado a entenderme. Algo, créanme, francamente difícil.

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