EL GORDO Y EL FLACO

MANUEL VILAS ESCRITOR

Si yo fuera catalán no me emocionaría demasiado ver cómo la mitad de los diputados de mi parlamento abandonan la sala cuando toca aprobar nada menos que una ley de referéndum. Pero a Puigdemont le da igual la mitad del pueblo catalán. No piensa que sean catalanes. Son ciudadanos equivocados, un lastre horrible. Por otra parte, este espectáculo de la descomposición política de Cataluña solo tiene un destinatario: los españoles. Junqueras y Puigdemont se han convertido en El Gordo y El Flaco de las televisiones españolas. Actúan para los extremeños, para los andaluces, para los madrileños, para los cántabros, para los aragoneses, para los gallegos... pues somos nosotros su único público. Sin nosotros, ¿para quién actuar? Europa, Francia, Alemania, Italia pasan de El Gordo y El Flaco. Donald Trump no ve cine español. Y China no sabe dónde está ni España ni Cataluña.

El Gordo y El Flaco están solos en el mundo y nos dan la vara a nosotros, a los pobres españoles, que siempre hemos amado Cataluña y a los catalanes. Encendemos la televisión y allí están El Gordo y El Flaco. Es evidente la profunda impericia política de estos dos orates a la hora de conseguir precisamente lo que desean: la independencia. El problema de Puigdemont y Junqueras no es España. Su problema es la mitad de los catalanes que no aceptan el secesionismo. Si yo fuera catalán e independentista no estaría muy contento con la actuación política de El Gordo y El Flaco. Sin apoyos internacionales, sin reconocimiento democrático de la oposición, sin garantías jurídicas, sin pactos, Puigdemont y Junqueras han convertido la independencia en una boñiga. Si yo fuera independentista, y quisiera ver un poco más allá de los tópicos, me daría cuenta de que los principales artífices del desastre son Puigdemont y Junqueras, por su incapacidad para llegar a acuerdos dentro de Cataluña. Porque en el parlamento catalán no está el fantasma de España.

En el parlamento de Cataluña solo late la voluntad del pueblo catalán. Y la mitad de esa voluntad abandonó sus escaños a la hora de votar la ley de referéndum. El Gordo y El Flaco han sido incapaces de lograr un referéndum con el apoyo de todos los catalanes. Son dos políticos torpes, grises y anodinos. Han hundido la convivencia del pueblo catalán, a quien dicen servir. Esos dos lo han podrido todo, y el futuro no traerá abrazos, besos y alegría. Y sin concordia, nada vale la pena.

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