GOLIAT ENTRE CHINITAS

ÁLVARO MOHORTE

Las películas nos tienen mal acostumbrados. El líder que alcanza la tribuna, recorta su perfil ante el auditorio vociferante y hace callar a sus adversarios con un imponente discurso de palabras firmes sobre música solemne... Eso sólo existe ya en nuestra imaginación, si es que en el pasado las cosas alguna vez fueron así.

Vivimos tiempos grotescos y eso explica que el bombardeo de ayer sobre Siria venga después de una bravuconada tuitera de Donald Trump con la que demostró el calibre del personaje, aunque los finales de ataque internacional (acabar con el sudo de armas químicas por Al Assad pueda estar más que justificado). Pero bueno, la cosa es que el presidente del mundo libre que habría que presentarles a los marcianos, en caso de que hicieran un tour por la tierra, había cogido su móvil, le dio a la aplicación del pajarito y pegó un buen escopetazo. «Rusia promete derribar todos y cada uno de los misiles disparados contra Siria. ¡Prepárate Rusia, porque vendrán (misiles), bonitos, nuevos e 'inteligentes'!», y que salte el cowboy a lomos de la ojiva desde el bombardero.

De red a red, el creador del Facebook, Mark Zuckerberg, con sus 33 añitos tiene la llave del secreto de buena parte del planeta, pero reconoce que pasa bastante de dónde guarda ese llavero. Igual en la guantera del coche, en el cenicero del recibidor de casa o está olvidado al fondo del cajón de la mesilla de una habitación de hotel en Wichita.

Así se pierden los datos confidenciales de más de ochenta millones de terrícolas, se utiliza información confidencial para reforzar la campaña online de Trump en las elecciones y le toca pedir perdón ante el Senado de Estados Unidos por las grietas de su empresa... por decimoquinta vez en la última década.

La gracia está en que estos son «los buenos» porque, nos guste o no, al menos son «los nuestros» en la alta política y en el libre mercado. Además, vamos dados si nos tenemos que esperar que la Unión Europea nos salve, con los británicos intentado trincar hasta las toallas antes de dejar el hotel, Rusia cortando al agua al Manneken Pis siempre que puede, Macron viviendo de prestado en el Eliseo (después de ganar por el simple hecho de no ser Le Pen), Merkel debilitada y de salida; Italia a la italiana y aquí, concentrados en los másteres y la pasión de catalanes.

Eso explica que los empresarios valencianos estén intentando colarse entre las rendijas de la guerra comercial para que, cuando una piedra del camino vuele hacia la cabeza del gigante nos pille mínimamente preparados para la defensa o el ataque, al menos de cuello para abajo. «Qué buen vasallo sería, si tuviera buen señor», decían de El Cid y, quizás no fuera el azar lo que le llevó a terminar asentándose en Valencia.

Mientras, China sonríe.

Fotos

Vídeos