Gobernar a coste cero

Arsénico por diversión

Cuando las batallas políticas se desarrollan en los tribunales se desgasta el ánimo del ciudadano y el bolsillo del contribuyente

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Cuando jugábamos al Monopoly, nos fastidiaba ir a la cárcel no tanto por perder el turno como porque la orden terminaba con la coletilla: «sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar 20.000 pesetas». La situación del gobierno del Botànic me recuerda un poco a eso. Dos años tomando medidas mal calculadas o empecinadas, que después los tribunales han tumbado. Es como jugar a La Oca y caer en un puente que nos lleva para atrás. Es volver al punto de partida sin sacar nada en claro y teniendo que dedicar los próximos dos años a justificar y defender lo realizado.

No reprocho sus decisiones al tripartito. Son lo que son y entiendo que quieran implantar su forma de ver la vida. En definitiva es la razón por la que les ha votado un grupo amplio de personas que quiere esa cosmovisión alimentando la vida en común. Hasta ahí, nos gusten más o menos las iniciativas, y se hagan con mayor o menor consenso, nada que objetar. Pura política.

El problema aparece cuando se hace con precipitación, con improvisación o con falta de escucha a los juristas que alertan de las dificultades para aprobar algo o la ilegalidad de lo que quiere hacerse. En ese punto, no hay discusión. Seguir adelante cuando la normativa está indicando lo contrario es jugar con el dinero público. Si un conseller no puede aprobar un decreto de plurilingüismo por mucho que responda a su mundo ideal, ha de atenerse a los límites legales. Si no son estos los que quisiera, ha de trabajar para cambiarlos pero no pueden inventarse el marco legislativo al margen del existente. No puede imponer el estilo imperial del Nerón Grezzi y decidir que sus señales son mejores y hay que hacer que el código de la circulación las incluya. Lo mismo sucede con el copago por muy doloroso que resulte la medida. Y no digamos la reversión si ocurriera. La decisión era loable pues no hay nada peor que una persona en situación de vulnerabilidad que se vea desamparada y atornillada por las instituciones.

No se trata de negarlo todo por principio sino exigir que se trabajen mejor las decisiones de tal forma que se consiga el resultado, cuando éste merece la pena, como el copago, sin poner en jaque los recursos públicos. Cuando las batallas políticas se desarrollan en los tribunales se desgasta el ánimo del ciudadano y el bolsillo del contribuyente. Nada bueno sale de ahí. Solo una victoria. Los políticos presumen de ella como el cazador con una cabeza de ciervo en su salón. Lo realmente exitoso es consensuar, consultar y cambiar la realidad sin imponerla ni resultar oneroso al erario público. ¿Es mejor un chef que rompe tres vajillas y dos juegos de café para servir una exquisita merienda? Es mejor el que la sirve sin costar dinero extra a quien le contrata. Eso implica mucho estudio, mucha atención a la opinión de los expertos asesores que saben de leyes y mucha humildad. Pero, sobre todo, interés por servir y no por ganar.

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