GIGANTISMO EN LES CORTS

GIGANTISMO EN LES CORTS
Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Cuando un ciudadano medianamente informado pasa por delante de la Feria de Muestras se pregunta por el ataque de pánico desenfrenado mezclado con elevadas dosis de megalomanía que debieron de sufrir los dirigentes del PP porque en el certamen del mueble faltaba espacio y cómo es posible que se diseñaran y se acabaran construyendo enormes pabellones que la mayor parte del año iban a estar vacíos y sin ningún uso. Pero en realidad, tampoco sería justo pensar que esa especie de fiebre, tan frecuente durante la larga etapa de las vacas gordas, afectó únicamente a los políticos, no hay más que darse una vuelta por Benicalap, donde ahí sigue la gigantesca, descomunal y completamente innecesaria estructura del nuevo Mestalla -con capacidad para nada más y nada menos que 75.000 espectadores-, para darse cuenta de que en realidad no se trató de casos aislados sino de una auténtica epidemia. Y aunque es cierto que los poderes públicos tuvieron mucho que ver en la concepción y posterior desarrollo de este proyecto, no lo es menos que al final fue una entidad privada -el Valencia CF- quien decidió llevarlo adelante cuando con su actual emplazamiento tenía más que de sobra, como el tiempo ha venido a demostrar. La tentación del gigantismo, del cuanto más grande mejor (variación arquitectónica del «serà per diners?»), ha estado presente en prácticamente todas las entidades valencianas, públicas y privadas, desde la Cámara de Comercio, con su viaje de ida y vuelta de Poeta Querol a la calle Jesús y regreso a Poeta Querol, hasta la Universidad Politécnica, donde un extraño que no lo conozca puede perderse en su campus de Vera y no ser encontrado en años. Y por supuesto, tuvo en Les Corts Valencianes un epicentro de la hiperactividad constructora que caracterizó a toda una época. Cada uno de los presidentes del parlamento intentó dejar su huella para la posteridad en forma de nuevo hemiciclo, residencia para el propio titular de la Cámara, viviendas para los diputados de Alicante y Castellón, sede de los grupos, despachos de los parlamentarios o dependencias generales, ampliando sucesivamente la superficie del complejo con unas ínfulas que por momentos parecía que iban a dejar en nada al mismísimo Westminster inglés y a los parlamentos de Bucarest y Budapest, que pasan por ser los más grandes del mundo. Ha tenido que ser un miembro del tripartito -el podemista Antonio Montiel, desterrado por no ser de ciega obediencia 'pablista'- el que ponga al descubierto las vergüenzas de Les Corts al preguntar por un edificio en Conde Trenor que la institución compró hace diez años y que su grupo pidió que se destinara a viviendas sociales, sin que hasta la fecha se le haya dado ningún uso. El que esté libre de pecado...

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