Gerifaltes de antaño

CÉSAR GAVELA

El PP se ha vuelto viejo desde las elecciones catalanas. Más viejo aún pese al acierto de la aplicación del artículo 155. Ese partido tiene muchos dirigentes que parecen de otro tiempo. Y no sólo eso, sino que parecen incluso más antiguos que los de otro tiempo. Uno recuerda a líderes de la UCD como Joaquín Garrigues Walker, Luis González Seara, José Luis Leal, Alberto Oliart o Francisco Fernández Ordóñez en su etapa centrista, y 40 años después nos resultan mucho más modernos que los políticos populares de ahora mismo. Es más, el propio Rajoy, méritos aparte, parece más antiguo que el Adolfo Suárez estelar de la segunda mitad de los años 70.

El PP huele a naftalina. A clases pasivas. Y a clases medias que están empezando a cambiar. Que antes votaban popular o al PSOE cuando ese partido era socialdemócrata, y que ahora se van pasando a Ciudadanos. Lenta pero acaso inexorablemente. El PP parece estar regresando a su suelo histórico anterior a José María Aznar: ese 25 por ciento que está constituido, sobre todo, por personas mayores y por votantes rurales o de pequeñas urbes.

Ese partido necesita un cambio que sea creíble. No una labor de tuneo insulso como la que llevó hace pocos años a la palestra pública a unos cuantos jóvenes que prometían más. Como el palentino Pablo Casado o el zamorano Maillo. El partido necesita savia nueva de verdad, y a la vez jubilar a una serie de gerifaltes que le roban votos cada vez que salen en la foto. Pasó su tiempo; España es muy diferente. Si no se produce esa adaptación a la sociedad contemporánea, el fracaso está cantado. Y es que el país está al loro, todo es más diáfano, y da la impresión que los indiscutibles logros económicos del PP no bastan. Hay que cambiar el discurso. Y el disco. Duro.

¿Puede Rajoy llevar a cabo una renovación que realmente convenza al electorado centrista, que es el que determina el signo del gobierno de la nación en España? Tal vez no, pero no le queda más remedio que intentarlo. En cuanto a nuestra comunidad, es evidente que los actuales líderes populares carecen del más mínimo atractivo electoral. El partido tiene que colocar en primera línea a políticos de mayor peso específico. Hay pocos, casi ninguno, pero ahí está el ejemplo de Esteban González Pons. El resto ha de venir de otros ámbitos. Mujeres cualificadas, profesionales que nunca se han dedicado a la política pero que sienten el noble propósito de mejorar las cosas de todos, jóvenes cosmopolitas, directos, que transmitan autenticidad y talento. Unos líderes mucho más rompedores, cercanos y transparentes. O el PP estatal y el valenciano encuentran esa tecla, o se les termina el tiempo. Para que empiece la era de Albert 'Macron' Rivera. Ese muchacho que parecía no tener pegada y que bien la demostró en Cataluña el pasado diciembre. Desde la claridad, la convicción y el riesgo.

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