Gentrificación estacional

Arsénico por diversión

Las Fallas siguen siendo una explosión de creatividad y alegría pero sus excesos convierten Valencia en una Magaluf con buñuelos

María José Pou
MARÍA JOSÉ POU

Mañana nos felicitaremos todos por el éxito de las Fallas de este año. Lo calcularemos en términos económicos, incluidos quienes presumen de izquierda, echan la culpa de todo mal al capitalismo y reniegan de un sistema construido sobre la ganancia y la plusvalía. La euforia por los datos y el habitual cariño por la fiesta ocultará, por aguafiestas, los comentarios de quienes viven en los barrios donde las Fallas se sufren, no se disfrutan. Son esas cosas que no se pueden decir en voz alta a riesgo de ser considerada mal valenciana cuando en realidad nacen de la tristeza de ver así Valencia. Se susurran en voz baja pero se acompañan de una sugerencia inevitable: en estas fechas lo mejor es huir. Valencia, en Fallas, vive una especie de gentrificación estacional no por culpa de la fiesta sino de sus abusos. Las Fallas siguen siendo una explosión de creatividad, alegría, arte y vitalidad pero sus excesos convierten Valencia en una Magaluf con buñuelos. Por eso resulta especialmente sangrante que ocurra, porque desmerece la excelencia de la justificadísima consideración de las Fallas como Patrimonio de la Humanidad y corre el riesgo de cronificarse. La huida es esa gentrificación que viven algunos barrios de moda donde la subida del nivel de vida expulsa a los vecinos de siempre, a los comercios centenarios y la vida de raíces consolidadas para dar paso a unos snobs que no hacen barrio sino que se limitan a presumir de vivir en él. Con las Fallas pasa algo similar pero se iguala por abajo. La llegada de un turismo de borrachera que lo mismo le da estar en Valencia que en Pamplona o Magaluf obliga a marcharse al vecino harto de intentar convivir con hordas de incívicos. La sobreexplotación del alcohol en la calle durante estos días convierte la ciudad en un gran botellón y un enorme urinario ante el que tanto el ayuntamiento como los servicios de limpieza o la policía local son incapaces de hacer nada.

Mañana también nos darán la cifra de toneladas de basura recogida este año y haremos lo de siempre, encogernos de hombros y dar por bueno el gasto ante los beneficios que produce. Resignación, hermano, parecen decirnos las autoridades. Las mismas que dicen rescatar a personas. No será a los más débiles en esta gentrificación. Quienes se van fuera son los que pueden pagarlo. No las personas mayores de pensiones ridículas, enfermas y aisladas en barrios históricos donde salir a la calle es un riesgo demasiado alto para ellas. Pero el «estamos en Fallas» todo lo curará, lo justificará y lo mitigará. Es el argumento más escuchado y más perjudicial para la fiesta. Con él solo se consigue vincular el exceso con las Fallas y a quienes menos conviene es a los amantes de la fiesta. Es hora de que se presente el debate necesario para no morir de éxito pero no parece que este ayuntamiento, en eso, se diferencie mucho del anterior. Y menos, en vísperas de elecciones.

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