Gente de fútbol

NACHO COTINO

El calendario que se alumbró a finales del julio cayó como una losa en plena canícula en Valencia cuando el cuerpo técnico llevaba muy pocos días manos a la obra y la nómina de futbolistas era prácticamente la misma que había descarrilado en la campaña recién concluida. Enfrentamientos tempraneros con Real Madrid y Atlético se antojaban, por entonces, como una cumbre muy difícil de escalar para un equipo que venía de hacer un ridículo histórico y con más dudas que certezas en lo concerniente a la reconstrucción de la plantilla y las intenciones del amo. Hoy las cosas se ven de otro color porque las cosas -por fin- son de otro color: La sociedad Marcelino-Alemany se ha hecho fuerte en el Valencia y el club, después de un interminable periplo entre tinieblas, está en manos de gente d fútbol que acierta o se equivoca pero que sabe de qué va el negocio. Mateo Alemany ejecuta el diseño de un entrenador que actúa desde conceptos claros y aplica planteamientos deportivos sensatos, sirva como botón de muestra lo ocurrido en el Bernabéu. Un planteamiento serio, ausente de frivolidades y una entrega humilde e inequívoca por parte de un equipo, por fin descontaminado de elementos tóxicos y por fin decidido a cumplir el método de su entrenador hasta las últimas consecuencias, terminó por dar sus frutos ante uno de los mejores equipos del mundo. Y lo hizo, incluso, más allá del resultado final porque no habiendo un dominio claro por parte de los de casa el partido terminó enloqueciendo y pudo ganarlo cualquiera pero al Valencia no le pesó en ningún momento ni el escenario ni el rival porque tenía un plan. Tenía una misión clara y trabajada que nos acerca a algo que conocimos en épocas pasadas y que a mí particularmente me gusta más que comer con los dedos. Porque más allá de los destellos de talento que pueda exhibir el equipo -que lo hizo el domingo pese a que Marcelo llore su frustración por las esquinas- lo que estamos viendo en este grupo es eso que tanto desespera al rival. Esa mezcla de compromiso, humildad, solidaridad y contundencia que destierra la vitola de madraza que venía paseando por la Liga, de equipo blandito para volverle a colgar otro cartel: el de equipo antipático, correoso y peleón. En él un servidor lee claramente la palabra equipo y los aficionados rivales, al interpretarlo, les brota espontáneamente un expresivo y malsonante 'puto Valencia'. Si aquí nadie se cree el inventor de la pólvora y a nadie se le suben los humos por una euforia inconveniente -esto no ha hecho sino comenzar- , si en el club hay capacidad para, entre hoy y mañana, rematar una plantilla que necesita retoques, este equipo puede volver a enfadar a los estadios más importantes. Con Marcelino al mando, puede volver a ser ese engorroso, poderoso y temido puto Valencia.

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