MI GENERACIÓN

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Mi generación hunde sus zarpas en el estallido de natalidad de los yeyés, minifalderos y burbujeantes años sesenta. Comenzamos a gatear cuando se levantaban los pilares del estado de bienestar y llegamos a este mundo arrullados bajo el ronroneo de los peluches y las primera vacaciones familiares de coche utilitario viajando hacia la playa y esas olas del mar lamiendo nuestras pantorrillas. Saboreamos productos lácteos vitaminados, usamos pañales desechables, nos vacunaron contra la polio y a muchos nos extirparon las amígdalas. Nos curtimos con aquellos primitivos aparatos dentales que perfilaban nuestra piñata y para los pies planos nos enchufaron botas ortopédicas y plantillas. Más tarde, incluso algunos pillamos la beca Erasmus. Qué risa y qué juergas con sabor europeo a costa de la pasta de una beca, oye. Y qué decir de aquellos años noventa con las golosinas químicas de los paraísos artificiales que brotaban en la rebótica de los garitos after. La fiesta continuó hasta que de repente crecimos, y encontramos trabajo, y unos triunfaron y otros fracasaron y otros se limitaron a sobrevivier; y algunos se casaron y otros se separaron y sus retoños van siempre con la maletita de una casa a la otra. Cuando murió Franco gastábamos pantalón corto y cuando el 23 F nos reconcomía el carrusel hormonal de la pubertad y aquello se nos antojó una película rancia, cutre, absurda. Nuestros abuelos sufrieron el salvaje peaje de sangre de la guerra civil y nuestros padres el rigor miserable de la posguerra. Mi generación no. Aterrizamos directamente sobre la nube confortable. Jamás nos han sometido a un momento tan grave como el actual y todavía no sé si seremos capaces de dar la talla. Pero buena parte de mi generación, al fin, por fin, se identificó, o eso espero, con un Rey que es de nuestra quinta.

Fotos

Vídeos