QUE GANE EL MEJOR

JOSÉ MARTÍ

El Levante no cambia. Es como es. Pero eso no significa que no evolucione, como todos, para bien o para mal. No es inmutable, pese a sus 108 años de historia. Se hace cada día. Mejora o empeora según los actos de sus integrantes en esos momentos: jugadores, afición y directiva. Pero, según dicta el principio básico de la psiquiatría, «lo que somos está marcado por lo que fuimos». Lleva mochila a cuestas. Hay numerosas gestas, mucha historia detrás, que imprime en sus fieles seguidores un carácter humilde pero, a la vez, orgulloso. En las gradas de Orriols (y antes en las del viejo Vallejo) hay encerradas historias particulares, grandes recuerdos y numerosas tradiciones familiares. El extraordinario empate en el Bernabéu, llamativamente minusvalorado en el tratamiento informativo de la prensa local más centrada en un aburrido empate a cero en Mestalla o la presencia de Aimar en su palco, es de esos acontecimientos que quedan incrustados en la memoria colectiva de los granotas. Una proeza que agranda su historia. Los levantinistas presentes en Madrid el sábado abandonaron el estadio henchido el pecho, conscientes de que habían hecho historia, orgullosos de su equipo. Algunos con lágrimas en los ojos. Tuvieron la fortuna de contemplar 'in situ' un empate que siempre recordarán. Como las dos victorias anteriores al todopoderoso equipo de Florentino. Pero de nada vale recrearse. Hay que seguir mirando hacia adelante, continuar abriéndose paso en una temporada que no ha hecho más que empezar. Ahora toca el derbi entre los dos equipos de la ciudad. Por si no se habían enterado, se juega este sábado, pasado el mediodía. No se sonrían. Les recuerdo fecha y hora porque apenas se habla de este partido. Sin polémica por las entradas, sin puntos todavía decisivos en juego, sin personajes en el banquillo o en el palco que inciten a las masas nadie diría que hay derbi dentro de cuatro días. Percibimos cierta desafección y desapego de la afición vecina (y por tanto de sus corifeos) ante un partido de rivalidad que se prevé extraordinario entre dos equipos solventes, aun imbatidos e igualados a puntos en la clasificación. Ese puede ser el problema, la igualdad que la mayoría celebra pero que a otros muchos irrita. Hay quienes fingen no dar relevancia al choque precisamente para ahorrarse las decepciones del pasado. «Solo son tres puntos sin más», dicen mirando hacia otro lado como si jugar contra el Levante fuera un mal menor que les rebaja de categoría en caso de derrota. No padezcan. Al final, será lo que tenga que ser. Todos queremos disfrutar el sábado de un gran partido, jugado de poder a poder entre dos equipos vecinos en plena forma que quieren seguir arriba en la clasificación. Que gane el mejor... aunque esté sin Morales.

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