GANDIA, CAPITAL CULTURAL

RUBÉN MALONDA PROFESOR UNIVERSITARIO

Todavía recordamos a Fernando Mut obsesionado por conseguir que la Fundación la Luz de las Imágenes eligiera a Gandia como sede autonómica para potenciar nuestra ciudad como referente cultural y aprovechar la restauración que conllevaría en recintos emblemáticos como la Colegiata de Gandia, el Palacio Ducal, Las Clarisas, el Beato y otros muchos, necesitados en aquel entonces de cariño.

Han pasado años y otros dirigentes políticos han llevado a cabo otras iniciativas como conseguir que Gandia sea cuna de los Borja. En este caso un intento algo fallido que se saldó con un viaje hacia Roma que no merece comentarios.

Pero, aunque a muchos políticos la cultura no les interesa lo más mínimo, parece que este ámbito une, o más bien que nadie puede resistirse al carro de defender lo que toda la ciudadanía respeta. Cultura, educación, sanidad, ecología, igualdad y otros valores postmaterialistas parecen ser irrenunciables en cualquier programa político a la hora de propuestas de mejora.

Pero, aunque con motivo de anunciar que nuestra ciudad iba a ser capital cultural, el Conseller de Educación y Cultura, y otros muchos dirigentes políticos autonómicos tuvieron a bien aparecer en nuestra ciudad para hacerse una foto, la triste realidad es que estas puestas en escena no ayudan a la ciudad, sólo a la imagen de los políticos. En Gandia no somos de los que ponemos hacia abajo las fotos de nadie, pero sí de los que exigimos que se tenga en cuenta las infraestructuras que necesitamos para que nuestra ciudad sea realmente la capital de la cultura. Comenzando por los centros educativos que están cayéndose y terminando por un magnífico Museo de Las Clarisas que hoy en día todavía nadie ha entendido porqué está cerrado. En el ámbito de la programación cultural, hace muchos años que las asociaciones privadas son las encargadas de planificar conciertos que no organiza el gobierno municipal. Y, en el ámbito social, también las asociaciones privadas son las más sensibles a la hora de atender a los más necesitados. Seguimos con políticas de la imagen y vacías de contenido, con las que tenemos que ser críticos para exigir que los políticos dejen de vender humo y pasen a la acción.

No estamos para castillos de fuegos artificiales. Estamos para llamar al pintor, al herrero, al cristalero, al fontanero y que vayan al María Enríquez (instituto nuevo), al Ausiàs March (instituto viejo), al Tirant lo Blanc (sin calificación) y a otros muchos centros a reparar las tuberías para que los alumnos puedan acudir con un mínimo de seguridad. Sobre todo estamos para que los políticos dejen sus trajes y se pongan el delantal para solucionar los problemas reales.

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