Gama Premium

Ramón Palomar
RAMÓN PALOMAR

Más ventajas de ir cumpliendo años: te importa un bledo mostrar rotunda ignorancia ante las traidoras pamplinadas que nos embisten. Hará un par de años alguien me habló de una ginebra 'premium'. Floreció mi planiana (de Pla) boina invisible y quise imaginar que eso de 'premium' era una nueva modalidad que sustituía la verdulera ensalada de gintonic por macedonia de frutas. Lo pregunté y me lo explicaron mientras me miraban con cierta pena. Entendí, pues, que bajo el halo de la calidad carera sólo al alcance de los paladares elegidos que se cobijan, en general, tras el puro blasón de los nuevos ricos, los que no militamos en el lado premium de la vida seguimos practicando un devenir de funambulista que camina sobre la soga del destello atrabiliario, de la friquez genuina y de esos clásicos olvidados que nutrieron y fortalecieron nuestro espíritu (Azorín, Céline, Ruano y otros, que decía ayer Miquel Nadal). Frente a los premium nos situamos los de la trinchera del barro, la noble sardina, el carajillo y la cazalla. No somos premium y tampoco vamos a cambiar a estas alturas. Algunos de los del próximo Canal Nou (ya veremos si abren) se conoce que son gente bien, gente guay, gente chachi conectada con los vientos de nuestra época; gente premium a tope que por eso ha comprado un par de telefonillos premium repremium súperpremium, bagatelas que cuestan 1.000 pavos. Viva la austeridad y la contención del gasto. Sin fecha para emitir programas y con un bacalao judicial tan espeso como las obras completas de Kant, pero ellos ya van gastando sin remilgos porque unos gerifaltes de su condición son enchufados premium que necesitan productos de gama premium. Lo malo, como siempre, es que el fulgor de estos dispendios los sufragamos entre todos. Menos premium, Caperucitas del audiovisual.

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