EL FUTURO DEL VALENCIA

Héctor Esteban
HÉCTOR ESTEBANValencia

Una parte del valencianismo es muy dada a buscar culpables, que haberlos, haylos. Cualquier mala noticia es la excusa perfecta para mirar al pasado, desenfundar y apalear sin darse cuenta que la solución está en el presente para despejar el futuro. La multa de la Unión Europea por las ayudas ilegales al fútbol es buena muestra de ello. La decisión el pasado jueves del Tribunal de Luxemburgo de desestimar la cautelar ha destapado por enésima vez el tarro de las venganzas. Para no alargarme mucho, es cierto que los expresidentes Juan Soler y Manuel Llorente tienen mucha parte de culpa de la carga de 23,4 millones de euros -más los intereses que quedan por sumar- a la que tiene que hacer frente el Valencia Club de Fútbol al considerar Bruselas que el club se vio beneficiado con dinero público. Parte de ese valencianismo que hoy clama contra Soler y Llorente fue el mismo que en su día quedó cegado con la maqueta del nuevo Mestalla y que aplaudió a rabiar la solución política para rescatar al Valencia.

Hasta aquí el pasado. Pero lo que realmente salvará al club es el presente, actuar con certeza y madurez para evitar condenas futuras. El auto del Tribunal General de Luxemburgo es demoledor respecto a la estrategia de defensa del Valencia Club de Fútbol en su petición de la cautelar. El club argumentó que la multa les situaría al borde del precipicio económico y que quedaría muy tocado a la hora de concurrir al mercado para poder fichar. El auto le ha dado un revolcón considerable a los argumentos del Valencia y el club ha sido cautivo de su propia auditoría, del autobombo y de lucir el dinero que ha puesto Peter Lim.

¿Cómo va a quedar el Valencia en situación precaria si el magnate de Singapur le ha devuelto a la entidad la estabilidad financiera? ¿Peter Lim no se comprometió a solventar con sus millones cada una de las contingencias que florecieran? Así lo recoge la auditoría del club ejercicio tras ejercicio tras la compra de la mayoría accionarial por parte de Peter Lim y así lo argumenta Luxemburgo para tumbar los lamentos del Valencia.

El club de Mestalla tiene un problema y Lim, máximo accionista, la obligación de resolverlo. Cuando compró el club ya conocía la existencia de unos peajes aunque a lo mejor nadie le comentó que la obligación fuera tan dura y preocupante.

El Valencia, que parece que no ha aprendido todavía la lección a pesar de los palos, emitió un comunicado con tintes temerarios en el que aseguraba que nadie iba a hacer descarrilar este proyecto. Luchar contra la UE es estamparse contra un muro y la Generalitat, que ha tendido la mano, no venderá humo como dijo Manuel Illueca en este periódico. La cabeza fría es necesaria para valorar la mejor opción y que el ímpetu no lleve a la sociedad a pagar más intereses.

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