FUTBOLISTAS VS. PERIODISTAS

Pablo Salazar
PABLO SALAZARValencia

Tras la épica victoria frente a la potentísima selección de Ecuador, los jugadores de la selección argentina lo celebraron ruidosamente en el vestuario con dedicatoria para los «putos periodistas». A los futbolistas de hoy en día, qué duda cabe, no les gustan los periodistas. Y no creo que sea por las crónicas o los artículos en los periódicos, porque leer leer lo que se dice leer, leen más bien poco. ¿Alguien ha visto alguna vez a Messi o a Cristiano Ronaldo con un libro? ¿Se lo imaginan acaso? Quedan ya muy atrás aquellos tiempos en que unos y otros, deportistas y profesionales de los medios, confraternizaban tras los entrenamientos o en las concentraciones. Los compañeros más veteranos recuerdan cuando alguna noche salían con las figuras del momento (el Lobo Diarte, por ejemplo) a alguno de los pubs o discotecas de moda a tomarse una copa, algo completamente impensable en la actualidad. Los futbolistas se rodean de medidas de seguridad, jefes de prensa y propaganda, asesores, agentes, amigos y familiares, de tal manera que es más fácil conseguir una entrevista exclusiva con Kim Jong-un que con el portero suplente del Leganés. Viven en una nube, aislados del mundo exterior por vallas, ni siquiera se enteran de los ruidos porque van siempre pertrechados con sus auriculares, agasajados por unos y por otros, tratados como ídolos sagrados, consentidos hasta el extremo como niños malcriados. En cuanto empiezan a ganar dinero se ponen un brillantito en la oreja, se pintarrajean brazos y piernas y se compran el coche más garrulo posible para que se note que ya son millonarios, que han triunfado en la vida. Y desde ese día desprecian a los periodistas, a aquellos que les dicen que un día han jugado mal, o que no entrenan bien, o que tienen problemas con los compañeros, o que no se cuidan. No entienden su trabajo, no comprenden el ejercicio de la crítica, les repatea. A estos dictadores les molesta que no les bailen el agua unos muertos de hambre que ganan en todo el año lo que ellos se embolsan en un par de días -con duras jornadas de hora y media de entrenamiento-. Y los periodistas, por qué no decirlo, odiamos igualmente a los futbolistas, su prepotencia, su chulería, sus malos modos, su incultura enciclopédica, sus desplantes, su falsedad. Y no es que estén condenados a entenderse. Yo amo el fútbol a pesar de los futbolistas, que hoy por hoy son lo peor de este espectáculo/negocio antes deporte. Lo más curioso del caso es que muchos futbolistas, al retirarse, se cambian de bando, se dedican al periodismo, a la crítica, con notable éxito en muchos casos. Pero es que los futbolistas de antes no son los de ahora. ¿Se imaginan a Messi comentando un partido o a Cristiano escribiendo un análisis? Pues eso. Mejor que sigan cantando contra los «putos periodistas».

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